Se calcula que en los próximos 20 años se transferirán unos 124 billones de dólares de patrimonio de las generaciones mayores a sus herederos o a organizaciones benéficas. En lugar de esperar a su fallecimiento, algunos jubilados estudian hacer donaciones en vida, cuando hijos y nietos pueden necesitar ese dinero de forma más inmediata.
Una encuesta de Morning Consult indica que tanto los padres como sus hijos adultos suelen preferir destinar una herencia a reducir deudas, comprar una vivienda o ahorrar para la jubilación, en vez de recibirla más adelante. David Blanchett, responsable de investigación sobre jubilación en Prudential, señala que el dinero puede ser más útil a los 40 o 50 años que a los 60 o 70. Además, donar en vida permite ver cómo repercute la ayuda en quienes la reciben.
Para los jubilados, sin embargo, adelantar una parte del patrimonio no es solo una decisión emocional. Una mayor esperanza de vida obliga a muchas personas a hacer que sus ahorros duren hasta los 80 años o más. Algunas dudan porque temen necesitar ese dinero en el futuro y no poder recuperarlo. Michael Conrath, estratega jefe de jubilación de JPMorgan, afirma que la planificación patrimonial y la jubilación están vinculadas tanto en lo financiero como en lo psicológico.
Tres cuentas para separar gastos, ocio y legado
Conrath recomienda organizar los activos de jubilación en tres cuentas, según su finalidad: estable, variable y de legado. La cuenta estable cubriría los gastos esenciales y recurrentes, como alquiler, alimentación, suministros y atención médica. La variable serviría para gastos discrecionales, incluidos viajes, aficiones y entretenimiento. La de legado se reservaría para futuras donaciones a familiares o entidades benéficas.
Cuando los gastos básicos y los opcionales tienen fuentes de financiación claras, puede resultar más fácil valorar cuánto se puede donar antes. El método no elimina el riesgo de agotar los ahorros durante la jubilación, pero distingue el dinero destinado al día a día de los activos reservados para la familia. Esa separación puede reducir el temor a quedarse sin fondos y facilitar la planificación.
Las donaciones pueden tener efectos fiscales
Para quien dona, transferir activos antes del fallecimiento puede reducir el valor del patrimonio sujeto a tributación y afectar a los impuestos estatales o federales sobre herencias. Según las reglas de 2026, una persona puede donar hasta 19.000 dólares anuales a cada beneficiario. Un matrimonio puede aportar conjuntamente hasta 38.000 dólares a una misma persona, por lo general sin tener que presentar una declaración del impuesto sobre donaciones ni consumir parte de la exención vitalicia.
También se puede considerar la donación de acciones que se han revalorizado a organizaciones benéficas que cumplan los requisitos, o su transferencia a herederos, como parte de la planificación del impuesto sobre las ganancias de capital. Los pagos directos a un proveedor médico o a un centro educativo por los gastos médicos o la matrícula de otra persona no están sujetos al límite anual de 19.000 dólares. Otra alternativa es abrir o aportar fondos a un plan de ahorro educativo 529 para un hijo o nieto.
Para quienes reciben el dinero, la ayuda puede llegar cuando necesitan financiar una vivienda o estudios, pagar deudas o reforzar el ahorro para la jubilación. En general, la legislación fiscal federal no considera las donaciones ordinarias como ingresos imponibles para el beneficiario, aunque las acciones revalorizadas tienen un tratamiento distinto. Recibir activos directamente también puede evitar parte de los plazos y trámites legales de la sucesión tras el fallecimiento del donante.
Empezar con cantidades pequeñas
Quienes no estén preparados para adelantar una parte importante de la futura herencia pueden empezar con donaciones más modestas, aconseja Blanchett. Por ejemplo, podrían ayudar a un hijo adulto con la entrada de una vivienda o los gastos de guardería, o cubrir parte de la matrícula universitaria de un nieto. Una cantidad de dinero moderada o una aportación adicional a una cuenta 529 también pueden servir como primer paso.
Así, los familiares reciben ayuda cuando la necesitan y pueden aprender a gestionar el dinero antes de recibir, quizá, cantidades mayores. No hace falta decidir de una sola vez qué ocurrirá con todo el patrimonio: se puede planificar por separado el apoyo en vida y los activos que se transmitirán tras el fallecimiento.
El coste de los cuidados de larga duración
Adelantar donaciones no debería poner en riesgo la seguridad financiera durante la jubilación. Quienes prevén recurrir a Medicaid para pagar cuidados de larga duración deben prestar especial atención a sus normas de revisión patrimonial: las donaciones en efectivo realizadas durante el periodo retrospectivo de cinco años pueden afectar al acceso a la cobertura. Ante el aumento de los costes de atención en los últimos años, conviene identificar cómo se financiarían esos cuidados antes de decidir qué cantidad puede donarse.
Pam Krueger, fundadora y consejera delegada de Wealthramp, advierte de que las donaciones no deberían dejar al donante sin recursos en etapas posteriores de su vida. Para muchas familias, el enfoque más prudente es proteger primero la estabilidad financiera de quien dona y, después, decidir qué parte del patrimonio puede transferirse en vida y cuál conviene reservar para más adelante.