Michael Burry cree que el próximo mercado bajista de la renta variable estadounidense podría prolongarse. Aunque el S&P 500 marcó un máximo histórico el 6 de octubre, el avance depende de un número cada vez menor de acciones, una señal de que la aparente calma del mercado no ha eliminado las presiones subyacentes.
El S&P 500 marca récord con menos acciones al alza
En su publicación más reciente, Burry comparó el mercado actual con el cráter de un «supervolcán»: la superficie parece tranquila, mientras la presión se acumula debajo. Según afirmó, los diez máximos de mercado registrados en los últimos 40 años estuvieron precedidos por un proceso similar de acumulación oculta, y el actual deterioro de la amplitud del mercado seguiría ese patrón.
La amplitud mide cuántas acciones participan en las subidas. El gráfico que destacó Burry muestra que se ha reducido el grupo de valores que empuja al S&P 500, ampliando la brecha entre el índice y el conjunto del mercado bursátil. Peter Schiff ya había planteado una observación similar: que el avance del índice no implica necesariamente una mejora generalizada de la renta variable.
Burry considera que el récord del S&P 500 del 6 de octubre no fue especialmente convincente. El volumen negociado era bajo y los máximos comparables de junio y agosto de 2026 dieron paso a pausas breves, no a un cambio sostenido de tendencia. Para los inversores, que el índice se mantenga cerca de sus máximos no significa que la fortaleza esté igualmente extendida por todo el mercado.
Valoraciones, especulación e inflación, bajo la lupa
La evaluación de Burry también pone el foco en el aumento de la actividad especulativa, las valoraciones elevadas y el repunte de la inflación. A principios de este mes afirmó que los inversores habían entrado en una «fase de negación» comparable a la de los periodos cercanos a 2000 y 2008. A su juicio, los participantes del mercado podrían estar restando importancia a los riesgos de valoración y de ciclo económico, en lugar de afrontar las presiones que se acumulan bajo los precios actuales.
Su preocupación por la posible duración de un mercado bajista se apoya, en buena medida, en datos históricos. Burry citó cifras del S&P 500 ajustadas por inflación para el último siglo y señaló que el valor real del índice cayó alrededor de un 53% entre 1966 y 1982. Ese periodo ilustra que los ajustes bursátiles no siempre son rápidos: la inflación y las correcciones de las valoraciones pueden dejar a los inversores durante años a la espera de un cambio claro de tendencia.
Los ciclos históricos, más allá de los modelos algorítmicos
Burry considera que la historia es una herramienta importante para entender los ciclos del mercado, mientras que los algoritmos basados en el análisis de gráficos suelen dar menos peso a ese contexto de largo plazo. Los precios pueden mantenerse estables a corto plazo, pero si la subida sigue apoyándose en una base cada vez más estrecha, el mercado dependerá cada vez más de un pequeño grupo de empresas de gran capitalización.
El S&P 500 continúa en niveles elevados. Las declaraciones de Burry se refieren a la estructura del mercado y a los ciclos históricos, y no afirman que un mercado bajista ya haya comenzado. Entre los datos que siguen de cerca los inversores están la dependencia del índice de un grupo reducido de acciones, la evolución del volumen negociado durante las subidas y la intensidad de las presiones inflacionistas y de valoración.