A los 18 años, Hannah Mitchell, de Denver, eligió la Academia de la Marina Mercante de Estados Unidos frente al MIT y la Academia Naval de EE. UU. para estudiar ingeniería naval. La decisión no se limitó a escoger una universidad: también implicaba valorar la financiación de los estudios, las obligaciones de servicio militar y la posibilidad de mantener abierta una carrera en el transporte marítimo civil. Tres meses después del inicio del curso, Mitchell afirma que sigue creyendo que tomó la decisión correcta, aunque todavía está definiendo sus planes tras la graduación.
Financiación y margen para decidir más adelante
Mitchell había considerado tanto el MIT como la Academia Naval. Según explica, pagar sus estudios en el MIT habría requerido aceptar una beca del programa de formación de oficiales de la reserva de la Armada, conocido como ROTC, lo que conllevaría la obligación de incorporarse a la Marina. La Academia Naval también la habría orientado hacia una carrera militar. A los 17 años, Mitchell no tenía claro cómo se sentiría varios años después respecto al servicio militar y no quería asumir de forma prematura un compromiso de largo plazo.
La Academia de la Marina Mercante ofrecía una estructura distinta. Sus graduados pueden incorporarse a cualquiera de las seis ramas militares en servicio activo, servir en la Reserva de la Armada o trabajar como marinos mercantes a bordo de buques comerciales. Sus salidas profesionales no se limitan, por tanto, al ámbito militar y también incluyen el empleo civil en el sector marítimo. Mitchell esperaba además que esta vía pudiera conducir a un salario inicial relativamente más alto después de graduarse, aunque no se facilitó ninguna cifra concreta.
Su madre ya le había animado a estudiar esta opción, al considerar que ofrecía flexibilidad y una mayor estabilidad económica en el empleo civil. También creía que podía darle una vía más sólida hacia la guerra de superficie dentro de la Marina. Mitchell terminó llegando a una conclusión similar, pero asegura que el factor decisivo fue su deseo de conservar distintas alternativas, no simplemente seguir la recomendación de su madre.
Una academia menos conocida que suscita dudas
El MIT era una institución familiar para casi todas las personas de su entorno, mientras que la Academia de la Marina Mercante, de menor tamaño, tenía mucho menos reconocimiento. Mitchell cuenta que algunos profesores le preguntaron por qué renunciaría al MIT. Al comparar el prestigio de una universidad conocida con la flexibilidad que ofrecían distintas trayectorias profesionales, optó por la segunda. Su decisión muestra que la elección de una institución educativa también puede depender de la ayuda financiera, las obligaciones posteriores a la graduación y las opciones de empleo.
La Academia de la Marina Mercante es una academia federal de servicio, pero sus graduados no están obligados en todos los casos a incorporarse de inmediato al servicio militar activo. Para los estudiantes que aún no han decidido su carrera, esa variedad de posibles destinos fue una parte importante de la decisión de Mitchell. Quería evitar tener que fijar todo su futuro a los 17 años.
Un comienzo exigente y 300 días en el mar
Tras mudarse de Denver a la academia, Mitchell descubrió que la vida en el campus era más exigente de lo que parecía en las fotografías y los vídeos. Describe las primeras semanas como algo parecido a entrar en un campamento de entrenamiento y reconoce que en un momento llegó a preguntarse si aquel entorno era adecuado para ella. Una prueba de natación le resultó especialmente estresante: tuvo que mantenerse a flote durante 15 minutos y, sin descanso, completar después cinco minutos de flotación boca abajo. Podía levantar brevemente la cabeza para respirar, pero debía volver a sumergirse de inmediato. Antes del examen, rara vez había conseguido mantenerse a flote durante más de 30 segundos. El apoyo de las personas que la rodeaban y su determinación de no repetir la prueba le ayudaron a terminarla.
Con el tiempo, la vida en el campus ha ampliado su experiencia. Mitchell se incorporó a la banda y al equipo de remo, y se convirtió en atleta universitaria. Afirma que ha hecho amistades y que empieza a sentir que forma parte de la academia. Su madre también observa que su hija se ha vuelto más abierta desde que comenzó los estudios.
Antes de matricularse, Mitchell se inclinaba por incorporarse a la Marina. Después de escuchar a sus profesores hablar sobre la vida y el trabajo a bordo de los buques, ahora está más interesada en convertirse en marino mercante. Quiere hacerse a la mar, conocer el mundo y, si es posible, visitar Europa y Australia. También reconoce que sus planes pueden cambiar.
La academia exige a los cadetes completar, por etapas durante el segundo y tercer año, 300 días de servicio en buques comerciales para obtener la licencia de la Guardia Costera de Estados Unidos necesaria para graduarse. La experiencia acumulada durante ese periodo en el mar influirá en parte en la dirección que tome Mitchell. Por ahora, se inclina por el transporte marítimo civil, aunque mantiene abiertas otras alternativas: precisamente la flexibilidad que hizo atractiva esta academia desde el principio.