El jefe del Mando Espacial de Alemania, el general de división Michael Traut, ha advertido de que satélites rusos podrían perturbar el servicio Starlink de SpaceX sin desencadenar un conflicto militar abierto. La alerta se produce después de que cuatro satélites militares rusos siguieran a una nave finlandesa que proporciona imágenes del campo de batalla a Ucrania. No hay constancia de que Rusia haya atacado Starlink con desechos espaciales; el escenario planteado por Berlín sigue siendo hipotético.
La preocupación se centra en la continuidad del servicio de internet por satélite. Starlink depende de una amplia constelación en órbita. Si sus satélites tuvieran que realizar maniobras repetidas para esquivar fragmentos, consumirían más combustible y podrían acortar su vida operativa, con posibles efectos para usuarios fuera de Ucrania.
Cuatro satélites rusos siguieron a una nave de ICEYE
El incidente ocurrió en mayo y afectó a un satélite de ICEYE, empresa finlandesa que suministra imágenes del campo de batalla a Ucrania. Traut describió las naves rusas como si estuvieran «persiguiendo» al satélite. ICEYE intentó cambiar su órbita para evitar acercamientos, pero los satélites rusos continuaron siguiéndolo.
Ese seguimiento cercano no equivale al escenario hipotético que Alemania plantea para Starlink. En ese supuesto, un satélite ruso podría fragmentarse cerca de la zona orbital de la constelación y generar desechos que obligaran a otras naves a modificar su trayectoria para evitar colisiones. Cada maniobra consume combustible; si se repitieran, podrían elevar los costes operativos y reducir el tiempo durante el cual los satélites prestan servicio.
Berlín señala la interferencia y la seguridad orbital
Traut empleó el término «zona gris» para referirse a acciones contra sistemas satelitales que no llegan a constituir una operación militar declarada abiertamente. Funcionarios europeos afirman que las interferencias rusas contra estos sistemas han aumentado desde la invasión de Ucrania en 2022. Entre las tácticas mencionadas figuran el seguimiento de satélites y las interferencias de señal desde tierra.
Rusia ha advertido de que los satélites comerciales que ayudan a Ucrania podrían convertirse en objetivos. Esa amenaza, sumada al seguimiento de la nave de ICEYE, ha intensificado la preocupación por la seguridad de los activos espaciales comerciales. Estos satélites se utilizan para comunicaciones, observación de la Tierra y transmisión de datos de inteligencia; una interrupción podría afectar tanto a sus operadores como a los usuarios y organizaciones que dependen de esa información.
Alemania prepara nuevas medidas para proteger satélites y desarrolla naves destinadas a misiones de inspección. La información disponible no apunta a que esos esfuerzos hayan dado lugar a un plan concreto de despliegue. Tampoco hay pruebas de que Starlink haya sufrido el hipotético ataque con desechos. El Ministerio de Defensa ruso y SpaceX, operadora de Starlink, no hicieron comentarios.