Tristen O’Brien, profesional de ciberseguridad y divulgador de inteligencia artificial en Indiana, ha creado más de 150 agentes de IA para gestionar tareas laborales y familiares; unos 70 están activos actualmente. Le ayudan con recordatorios, organización doméstica, finanzas, correo electrónico y su canal de YouTube. Aunque le han dejado más tiempo para la familia y sus aficiones, la cantidad de herramientas también le ha planteado un reto: ordenar la información que generan.
O’Brien, de 44 años, lleva más de dos décadas trabajando en tecnología, cursa un doctorado en inteligencia artificial y dirige un canal de YouTube. Durante años sintió que podía compaginar la familia, el trabajo y los estudios, pero que añadir otra responsabilidad obligaría a renunciar a algo. Tras aprender Python con la idea de automatizar tareas cotidianas, empezó a experimentar con IA generativa después del lanzamiento de ChatGPT.
De pedir un burrito a crear más de 150 agentes
O’Brien dice que no es desarrollador y que crea agentes trabajando con IA mediante lo que suele llamarse «vibe coding». Empezó a explorar estas herramientas tras conocerlas en una conferencia sobre IA hace dos años. Su primer agente era sencillo: podía pedirle un burrito de Chipotle. La prueba le mostró que la IA podía ejecutar tareas concretas.
Su herramienta principal es Claude, aunque también utiliza ChatGPT, Perplexity y Gemini. Para diseñar agentes sigue un método propio, al que llama BIP. Primero vuelca por escrito la idea y los requisitos («Braindump»); después pide a Claude que le haga preguntas para aclarar los puntos imprecisos («Interview»); por último, convierte las respuestas en instrucciones («Prompt»). Una petición inicial de unas 15 palabras puede acabar convertida en un prompt de 500 palabras tras ese proceso, explica.
La función «/goal» de Claude permite mantener a un agente trabajando hasta alcanzar un objetivo. Aun así, O’Brien subraya que las instrucciones deben ser precisas para reducir el riesgo de resultados inesperados.
Sus agentes se distribuyen en varias áreas: cinco para investigación y formación, cuatro para investigación y noticias, uno para desarrollo de productos, 18 para finanzas, 27 para tareas familiares, 26 para correo y comunicaciones, 42 para YouTube y 27 para promoción y difusión. No funcionan todos a la vez: actualmente mantiene unos 70 activos, incluidos 12 dedicados a la familia y el hogar.
Cuatro agentes se ejecutan a diario para recordar cumpleaños, actividades de sóftbol, tareas relacionadas con el perro de la familia y documentación escolar. Otros cuatro se usan cada semana para compras, planificación de comidas, un resumen familiar de los domingos y revisiones semanales. Un agente recuerda mensualmente las tareas de mantenimiento de la casa; otros tres se activan cuando hacen falta, por ejemplo, para planificar viajes, preparar el equipaje o elegir regalos.
Un chatbot familiar conecta calendarios y mensajes
O’Brien y su esposa tienen dos hijos. La familia utiliza un chatbot personalizado que él creó con el servicio de mensajería Twilio y un complemento de Claude. Puede enviar mensajes a sus familiares, ayudarles a votar el menú semanal y mostrar sus calendarios uno al lado del otro para facilitar la organización.
La conexión con servicios externos es lo que permite que muchos agentes resulten útiles, afirma O’Brien. Claude puede realizar tareas en distintas aplicaciones si se conecta con herramientas como Gmail, los calendarios y Twilio. Recomienda familiarizarse con los permisos y la configuración de estas integraciones.
Las suscripciones de IA le cuestan unos 600 dólares al mes. Los servicios también respaldan su canal de YouTube y otros trabajos. Si utilizara la IA solo para asuntos personales, calcula que reduciría el gasto y optaría por Claude Max, cuyo precio es de 200 dólares mensuales.
Una estructura jerárquica reduce el ruido de los agentes
A medida que aumentaba el número de agentes, O’Brien empezó a sentirse abrumado por las actualizaciones digitales y le costaba hacer seguimiento de cada herramienta. Para gestionarlas, organizó el sistema como si fuera una empresa: se considera el «director humano», mientras que un jefe de gabinete de IA coordina a varios agentes con funciones de dirección, que a su vez supervisan a agentes operativos. El jefe de gabinete reúne las novedades en un único lugar para que pueda revisar el avance.
También creó un mundo de juego animado en el que los agentes aparecen como personajes que se desplazan por una aldea. La ropa cambia según su rango, lo que facilita distinguir sus funciones. O’Brien puede recorrer el lugar con el jefe de gabinete o buscar un agente concreto para consultar una tarea. Un botón reúne a todos los personajes en una sala de reuniones virtual. La interfaz sirve para visualizar los agentes y sus responsabilidades, pero no significa que todas las herramientas estén funcionando continuamente.
O’Brien también ha dejado de utilizar algunos agentes. Uno de ellos consultaba una hoja de cálculo de Google con los cumpleaños de amigos y familiares; dos semanas antes de cada fecha, entraba en un servicio de tarjetas y enviaba una felicitación con letra simulada y su dirección como remitente. Más tarde decidió que el envío automático resultaba impersonal y desactivó esa función.
Límites con los datos y tiempo para aficiones fuera de línea
O’Brien afirma que no comparte con la IA datos sensibles como los números de la Seguridad Social. Aun así, usar estas herramientas implica conceder cierto acceso a información, del mismo modo que ocurre con Gmail y otros servicios que pueden consultar datos personales, señala. Su hijo, que es artista, se muestra menos entusiasmado con la IA, y O’Brien reconoce que su uso tiene límites en el trabajo creativo y en las industrias relacionadas.
Por ahora, considera que la IA le ha resultado más útil que gravosa y no ha desplazado sus aficiones fuera de línea. El tiempo que ahorra le permite dedicar más horas a la impresión 3D, pilotar drones y montar en bicicleta. Su objetivo al crear los agentes, dice, no era acumularlos, sino reservar tiempo para lo que valora mientras compagina la familia, el trabajo y los estudios.