La capacidad de la inteligencia artificial (IA) para convertir el gasto empresarial en ingresos y beneficios se ha vuelto decisiva para las valoraciones de la bolsa estadounidense. Jeremy Siegel, economista de WisdomTree, advierte de que el Nasdaq Composite podría caer hasta un 30% si las compañías no obtienen de sus inversiones en IA los retornos que espera el mercado.
La advertencia llega mientras los inversores revisan el ciclo actual de inversión en IA. El Nasdaq tiene un peso elevado de grandes tecnológicas y empresas vinculadas a esta tecnología, por lo que los cambios de valoración de un grupo reducido de compañías pueden amplificar los movimientos del índice. La atención se centra tanto en la tecnología como en la capacidad del gasto en centros de datos, semiconductores e infraestructura en la nube para sostener la demanda y mejorar el flujo de caja y la rentabilidad de las empresas.
La rentabilidad de la IA, en el centro del riesgo para el Nasdaq
Siegel ha señalado en repetidas ocasiones la presión que puede generar el gasto de capital en IA. Ha comparado el ciclo actual con anteriores episodios de fuertes inversiones tecnológicas: cuando la demanda real crece con rapidez, las empresas suelen ampliar capacidad de forma agresiva. Pero, si la oferta acaba superando la demanda efectiva, los retornos del sector pueden resentirse y los inversores más expuestos podrían tardar más en ver beneficios.
Ese precedente ha puesto el foco en cómo financian su expansión las grandes tecnológicas, cuánto destinan a inversión y qué rendimiento obtienen de esos desembolsos. Si las empresas necesitan seguir emitiendo deuda o recurrir a financiación más cara para sostener la infraestructura de IA, unos tipos de interés elevados y unas condiciones crediticias más restrictivas podrían presionar aún más las valoraciones. La semana pasada, las dudas sobre la financiación ligada a la IA y las emisiones de bonos previstas por proveedores de servicios en la nube a gran escala afectaron al mercado. En algunos momentos, la presión se extendió desde las tecnológicas hasta las compañías de menor tamaño.
Petróleo, deuda pública y volatilidad presionan las valoraciones
El debate sobre los retornos de la IA coincide con otros factores adversos para las acciones de crecimiento. El encarecimiento del petróleo, el alza de los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE. UU. y la subida del índice de volatilidad VIX han añadido presión. Unos rendimientos más altos reducen, por lo general, el valor presente atribuido a los flujos de caja futuros; a su vez, el petróleo puede elevar las expectativas de inflación y aumentar la cautela sobre la evolución de los tipos.
En la sesión anterior, el Nasdaq Composite cerró en 26.140 puntos, con una caída del 2,15%, y registró su peor semana desde junio. El índice perdió alrededor de un 4,5% en el conjunto de la semana. El retroceso mostró que las variables macroeconómicas, más allá de la IA, también influyen en la valoración de las tecnológicas con múltiplos elevados.
El rebote intradía no despeja las dudas sobre los beneficios
En la sesión siguiente, el Nasdaq Composite llegó a subir un 1,8% durante la jornada y se acercó a los 26.600 puntos hacia el mediodía, impulsado por las acciones de semiconductores e infraestructura de IA. El avance se moderó con el paso de las horas, aunque el índice terminó en positivo: cerró con una subida del 1,11%, en 26.430,89 puntos.
El S&P 500 también avanzó, mientras que el Dow Jones Industrial Average apenas varió. El rebote ofreció un respiro tras las ventas de la semana anterior, pero no resolvió las dudas sobre el ciclo de inversión en IA. Los próximos resultados empresariales, los planes de gasto de capital, el coste de la financiación mediante deuda y los ingresos generados por las operaciones de IA serán factores clave para las valoraciones actuales. Para el Nasdaq, el riesgo ya no se limita a las expectativas sobre la tecnología: también depende de que el volumen de inversión se traduzca en retornos comerciales sostenibles.