En octubre de 2026, la rentabilidad por beneficios del S&P 500 se situó 1,5 puntos porcentuales por debajo del rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años, la mayor brecha negativa desde 2009. La diferencia podría seguir en terreno negativo por tercer año consecutivo, según la firma de análisis de mercados The Kobeissi Letter. El dato refleja la presión que unos tipos libres de riesgo más altos ejercen sobre las valoraciones bursátiles, pero por sí solo no indica que se avecine una caída del mercado.
La brecha entre acciones y bonos se amplía
La rentabilidad por beneficios se calcula dividiendo los beneficios de las empresas del S&P 500 por el precio del índice. También puede entenderse como la inversa de la relación precio-beneficio. Al restar el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años se obtiene una medida que suele utilizarse como prima de riesgo de la renta variable: un resultado positivo indica una rentabilidad por beneficios superior a la del bono; uno negativo, lo contrario.
The Kobeissi Letter estima que la brecha se ha reducido en 440 puntos básicos —4,4 puntos porcentuales— desde 2022. Se trata del mayor descenso en un periodo de cinco años desde la década de 1970. El diferencial puede estrecharse si las cotizaciones suben más deprisa que los beneficios empresariales, lo que eleva las valoraciones y reduce la rentabilidad por beneficios, o si aumentan los rendimientos de la deuda pública.
El bono a 10 años llegó al 5,36%
La presión inflacionista ligada al petróleo y el elevado volumen de emisiones de deuda del Gobierno estadounidense han contribuido al alza de los rendimientos de los bonos del Tesoro. El 7 de octubre de 2026, la rentabilidad a 10 años llegó brevemente a cerca del 5,36%, su nivel más alto desde 2002.
Con el rendimiento del bono en el 5,36% y una prima de riesgo de la renta variable de -1,5 puntos porcentuales, la rentabilidad por beneficios del S&P 500 sería de alrededor del 3,9%. Esa cifra equivale a una relación precio-beneficio de aproximadamente 26 veces los beneficios de los últimos 12 meses. La comparación muestra la rentabilidad relativa de acciones y bonos; no representa el rendimiento que reciben efectivamente los accionistas ni mide por sí misma la evolución futura de los beneficios empresariales.
The Kobeissi Letter señala que, históricamente, las lecturas negativas han coincidido con un elevado apetito por el riesgo y valoraciones altas. Sin embargo, el nivel de este indicador no permite anticipar de forma directa el comportamiento posterior del mercado.
La prima negativa no anticipa necesariamente caídas
En un análisis publicado en 2025, Nir Kaissar, columnista de Bloomberg, concluyó que la prima de riesgo de la renta variable tenía una capacidad limitada para predecir la rentabilidad en los siguientes plazos de uno a cinco años. La relación era más marcada a diez años, con una correlación de 0,51; una prima más baja podría asociarse con menores rendimientos a largo plazo.
Esa correlación no implica que una caída sea inevitable ni permite determinar cuándo podría cambiar la tendencia del mercado. La lectura actual indica que la compensación por invertir en acciones frente a los bonos del Tesoro a 10 años es negativa, tras estrecharse considerablemente desde 2022. Las cotizaciones, los beneficios empresariales y los rendimientos de la deuda pueden modificar el diferencial.