El mercado estadounidense de servicios fiscales afronta una plantilla profesional cada vez menor y una demanda creciente. Más de 300.000 contables y auditores dejaron de formar parte de la población activa en los últimos dos años, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales. A la vez, una encuesta de Sam's List señala que el 36% de quienes buscan ayuda fiscal personal quiere cambiar de proveedor. Para los hogares con ingresos altos, la diferencia entre presentar la declaración y contar con asesoramiento durante todo el año puede afectar a sus inversiones, sus decisiones sobre cuentas de jubilación y el importe final de sus impuestos.
Cuando el contacto con el contable se limita a la campaña de la renta, el trabajo suele centrarse en registrar ingresos y gastos ya realizados, en lugar de anticipar las consecuencias fiscales de decisiones financieras importantes. La falta de profesionales, sumada a modelos de negocio basados en atender a muchos clientes, también dificulta ofrecer asesoramiento continuado.
Preparar la declaración no es planificar todo el año
El estratega fiscal y agente inscrito David A. Perez advierte de que contratar la preparación de una declaración no implica necesariamente recibir asesoramiento financiero continuo. Si la última conversación con el profesional tuvo lugar en marzo, durante la campaña de presentación, es posible que el cliente no obtenga una revisión a tiempo antes de tomar una decisión con efecto fiscal.
Perez también dirige la firma de asesoría Tax Maverick AI. A su juicio, las empresas que dependen de una amplia cartera de clientes para generar ingresos pueden disponer de poco tiempo para una planificación detallada. Con unos honorarios de 1.000 dólares por cliente, un proveedor necesitaría atender a 300 para facturar 300.000 dólares antes de gastos operativos. En la campaña tradicional de primavera, muchos profesionales fiscales trabajan entre 50 y 80 horas semanales con equipos reducidos y una cartera cada vez mayor.
La carga de trabajo coincide con la disposición de muchos clientes a cambiar de proveedor. Sam's List calcula que aproximadamente uno de cada tres contribuyentes que recurre a un profesional para preparar su declaración busca una alternativa. Un 16% está descontento con el servicio actual y otro 10% quiere pagar menos. La escasez de contables públicos certificados y el aumento de quienes contratan ayuda profesional por primera vez también hacen que los clientes tengan referencias distintas para valorar la calidad del servicio. Kimberly Green, cofundadora de Sam's List, afirma que muchos usuarios aún no tienen criterios claros para evaluar a su primer asesor fiscal.
Tres señales para distinguir ambos servicios
En Estados Unidos, la edad media a la que una persona contrata por primera vez a un profesional fiscal ronda los 29 años. A menudo espera que el asesor aumente su devolución anual, aunque el alcance real depende de si contrata solo la preparación de la declaración o también una planificación previa a decisiones financieras importantes.
Perez propone fijarse en tres aspectos. El primero es la frecuencia y el momento de las comunicaciones. Si el profesional aparece únicamente durante la campaña de presentación, es probable que el encargo se limite a preparar la declaración. La planificación requiere conversaciones a lo largo del año, antes de situaciones como una subida salarial, la venta de acciones, la compra de un inmueble o la puesta en marcha de un negocio.
El segundo aspecto es cómo se calculan los pagos trimestrales a cuenta. Un servicio básico suele tomar como referencia la factura fiscal del año anterior para fijar esos pagos y ayudar al contribuyente a cumplir las reglas de puerto seguro del Servicio de Impuestos Internos (IRS), evitando penalizaciones por pagar de menos. La planificación fiscal, en cambio, proyecta los cambios en los ingresos del año en curso y ajusta los pagos cuando cambian las circunstancias.
El tercero es si el proveedor ofrece recomendaciones concretas. Preparar la declaración permite saber cuánto impuesto se debe. La planificación también puede evaluar cambios en la estructura jurídica de una empresa, optimizar aportaciones a cuentas de jubilación o decidir cuándo realizar inversiones de capital, además de estimar sus efectos fiscales.
Una vez aclarado el alcance del encargo, el contribuyente puede decidir si añade planificación anual o cambia de proveedor. La preparación de una declaración individual cuesta entre unos 200 dólares y más de 2.500. El asesoramiento adicional eleva el precio, por lo que este tipo de servicio no está al alcance de todos.
Decisiones fiscales para ingresos de 250.000 dólares o más
En hogares con ingresos anuales de entre 250.000 y 500.000 dólares, o superiores, y en personas próximas a la jubilación o ya jubiladas, no planificar con antelación puede complicar las decisiones fiscales de fin de año. El impacto de cada norma depende de los ingresos, el patrimonio y las circunstancias particulares del contribuyente.
El impuesto sobre los ingresos netos de inversión puede añadir un 3,8% cuando los ingresos brutos ajustados modificados superan los 200.000 dólares para una persona que declara individualmente o los 250.000 para un matrimonio que presenta una declaración conjunta. Puede aplicarse a plusvalías, dividendos e ingresos por alquiler. Por eso, el momento de vender un activo puede alterar la composición de los ingresos del ejercicio y el cálculo de los impuestos.
El impuesto mínimo alternativo también puede afectar a contribuyentes con ingresos altos. Ejercer opciones sobre acciones con incentivo fiscal o aplicar una deducción elevada por impuestos estatales y locales puede cambiar el cálculo de la renta imponible y elevar la factura. Asimismo, convertir una cuenta IRA tradicional en una Roth IRA sin valorar el efecto sobre el tramo impositivo global puede aumentar los ingresos imponibles del año y, potencialmente, llevar a un tipo marginal federal más alto o a primas adicionales de Medicare.
La complejidad de estas decisiones plurianuales ayuda a entender por qué algunos clientes reservan presupuestos mayores para asesoría. Según Sam's List, dos tercios quieren mantener el gasto en servicios contables por debajo de 5.000 dólares, mientras que casi uno de cada cinco prevé gastar al menos 20.000 dólares al año. Quienes destinan más presupuesto suelen buscar un seguimiento más constante para coordinar diversas fuentes de ingresos y decisiones fiscales a lo largo de varios ejercicios.
Qué revisar antes de finalizar 2026
Quienes quieran pasar de una declaración basada en hechos consumados a una planificación anticipada deberían concertar pronto una reunión completa, en vez de depender solo de un breve intercambio de correos, recomienda Perez. Pueden preguntar por la factura fiscal estimada, las estrategias disponibles, los honorarios previstos y los plazos para actuar.
Algunas medidas deben completarse antes del 31 de diciembre, como ajustar las retenciones y revisar los requisitos de distribución mínima obligatoria. Otras pueden tramitarse después del cierre del año, entre ellas ciertas aportaciones a una IRA y los pagos estimados del cuarto trimestre correspondientes al ejercicio fiscal 2026, cuyo vencimiento suele ser el 15 de enero del año siguiente.
Quienes quieran iniciar una relación de planificación fiscal en 2027 deberían acordar con suficiente antelación el alcance del servicio, los honorarios y el calendario de comunicación. Una declaración ya presentada recoge operaciones financieras que se han producido; para los hogares que necesitan planificación, las conversaciones relevantes deben tener lugar antes de tomar las decisiones durante el año.