Unos ingresos elevados no garantizan por sí solos seguridad financiera. En el informe 2026 Retirement Survey & Insights de Goldman Sachs Asset Management, el 36,6% de los encuestados de hogares con ingresos anuales superiores a 500.000 dólares afirmó que depende principalmente de sus nóminas mensuales para cubrir los gastos y que tiene dificultades para avanzar hacia sus objetivos a largo plazo. Fue la segunda proporción más alta entre los seis grupos de ingresos analizados, solo por detrás de los hogares que ganan menos de 50.000 dólares, con un 60,8%.
La vivienda, la sanidad, la educación, el cuidado de familiares y los gastos cotidianos siguen compitiendo con el ahorro por una parte de los ingresos familiares. Los resultados apuntan a un problema más amplio que la simple decisión de ahorrar o no para la jubilación: la dificultad de distribuir los ingresos entre varias necesidades financieras simultáneas.
La inflación reduce el margen que dejan las subidas salariales
Los precios al consumo en Estados Unidos han aumentado alrededor de un 22% acumulado en los últimos cinco años. Los datos de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos muestran que el precio de la gasolina subió un 27,4% interanual en agosto de 2026. La alimentación, la sanidad, los alquileres y las cuotas hipotecarias también han presionado los presupuestos familiares.
La Oficina del Censo de Estados Unidos situó la renta mediana de los hogares en un récord de 87.460 dólares en 2025, pero el aumento de los ingresos no ha compensado por completo el encarecimiento de la vida. La tasa de desempleo fue del 4,2% en septiembre de 2026, mientras que el gasto de los consumidores aumentó en 190.800 millones de dólares en agosto. Estas cifras reflejan la resistencia del empleo y del consumo, aunque la encuesta de Goldman Sachs muestra que muchos hogares siguen teniendo dificultades para prepararse para la jubilación.
La proporción de encuestados con empleo que aseguró estar aumentando sus aportaciones para la jubilación cayó al 39% en 2026, frente al 55% de 2025. El descenso de 16 puntos porcentuales fue el mayor registrado en un solo año desde 2020. Los trabajadores más jóvenes también están acusando la presión y algunos han tenido que asumir más trabajo para cubrir los gastos del día a día.
La presión financiera dibuja una curva en U según los ingresos
La encuesta reunió las respuestas de 5.106 personas: 3.612 trabajadores y 1.494 jubilados de entre 45 y 75 años. Los participantes eligieron entre tres descripciones de su situación financiera: depender principalmente de la nómina y tener dificultades para avanzar hacia objetivos de largo plazo; progresar de forma moderada; o avanzar de forma significativa tanto en los objetivos a corto como a largo plazo.
Goldman Sachs dividió los hogares en seis tramos de ingresos anuales: menos de 50.000 dólares; entre 50.000 y 100.000; entre 100.000 y 200.000; entre 200.000 y 300.000; entre 300.000 y 500.000; y más de 500.000 dólares. La proporción de hogares que dependía principalmente de la nómina pasó del 60,8% en el tramo de menores ingresos al 22,2% entre quienes ganaban entre 100.000 y 200.000 dólares. Después volvió a subir al 34,2% en el grupo de 300.000 a 500.000 dólares y al 36,6% entre los hogares con más de 500.000 dólares.
Los hogares con ingresos de entre 200.000 y 300.000 dólares fueron los más propensos a declarar avances sólidos: el 42,2% dijo estar progresando de forma sustancial en sus objetivos a corto y largo plazo. Los resultados indican que la presión financiera no disminuye necesariamente de forma lineal a medida que aumentan los ingresos.
Los pagos con tarjeta de crédito muestran un patrón similar. Entre los hogares con ingresos superiores a 500.000 dólares, el 46% afirmó que normalmente pagaba solo el importe mínimo exigido o incluso menos. La cifra se situó cerca del 47% registrado entre los hogares con ingresos inferiores a 50.000 dólares y muy por encima del 30% correspondiente al grupo de 200.000 a 300.000 dólares.
Los encuestados con mayores ingresos también fueron los más propensos a aplazar decisiones financieras importantes. Entre quienes ganaban más de 500.000 dólares, el 80% afirmó que había pospuesto algún objetivo financiero relevante pese a seguir trabajando; el 45% señaló específicamente que había retrasado el ahorro para la jubilación. Ambas proporciones fueron las más elevadas de todos los tramos de ingresos.
Los costes fijos más altos presionan a los hogares acomodados
Goldman Sachs señaló que la presión financiera suele adoptar formas distintas en los extremos de la distribución de ingresos. Los hogares con menores ingresos tienden a concentrarse en los gastos básicos, mientras que los hogares con mayores ingresos pueden afrontar estructuras financieras más complejas, mayores expectativas de consumo y compromisos fijos más elevados. Una hipoteca de mayor importe, vehículos más caros, colegios privados y viajes frecuentes pueden absorber rápidamente el flujo de caja adicional a medida que aumentan los ingresos.
Estos hogares, a veces descritos como de ingresos altos pero todavía no ricos, también pueden asumir importantes responsabilidades familiares. Un portavoz de Goldman Sachs indicó que las personas con mayores ingresos pueden ser el principal apoyo económico de una familia extensa y ayudar a sus padres, hijos u otros parientes.
Por eso, la expresión «vivir al día» puede tener significados distintos según el nivel de ingresos. Para un hogar con ingresos bajos, puede reflejar dificultades para pagar las facturas esenciales. Para uno con ingresos altos, puede significar que el gasto y las expectativas de estilo de vida crecen más deprisa que la renta. La encuesta se basa en la valoración de los propios participantes y no mide directamente su capacidad para hacer frente a sus obligaciones en el balance familiar.
Aun así, el 87% de los encuestados de hogares con ingresos superiores a 500.000 dólares afirmó que su empleo ofrecía una vía estable hacia la seguridad financiera a largo plazo. Los datos muestran que unos ingresos mayores amplían las opciones financieras, pero no eliminan automáticamente las tensiones entre vivienda, apoyo familiar, gasto de estilo de vida y ahorro para la jubilación.