Cambios en las deducciones para donaciones en especie según la reforma fiscal de 2025
Desde julio de 2025, las reformas fiscales federales permiten a los contribuyentes que no detallan sus deducciones reclamar una deducción por donaciones en efectivo con límites de 1.000 USD para solteros y 2.000 USD para declaraciones conjuntas. Esta disposición genera una oportunidad para inversores con acciones apreciadas a largo plazo, quienes pueden donar estos valores directamente a organizaciones benéficas calificadas. Al hacerlo, evitan el impuesto sobre las ganancias de capital y pueden deducir el valor de mercado justo de las acciones donadas. Wesley Kahg, cofundador y socio gerente de la firma de asesoría TwinFocus en Boston, destaca que los valores altamente líquidos y con fuerte apreciación son ideales para aprovechar al máximo estas ventajas fiscales.
Dificultades relacionadas con activos ilíquidos y exigencias de valoración
La donación de activos no tradicionales como vehículos, embarcaciones o obras de arte implica complejidades adicionales en su valoración y pueden atraer mayor escrutinio regulatorio. Según Kahg, la valoración de estos bienes es menos precisa, lo que eleva el riesgo de auditorías fiscales. Benjamin Sanshan, abogado especializado en sucesiones y fideicomisos en Brinkley Morgan, Florida, comenta que las donaciones físicas suelen ser menos prácticas para las ONG. Recuerda un caso donde un templo recibió en donación una valla publicitaria que fue alquilada para generar ingresos. Sanshan recomienda que los donantes contraten peritos certificados para validar el valor de los activos y así asegurar la deducibilidad fiscal. Incluso activos digitales como criptomonedas requieren una valoración formal, pese a la transparencia de sus precios, acorde a las exigencias tributarias.
Impacto del uso de los activos donados en las deducciones fiscales
Colleen Spann, abogada especializada en derecho fiscal y del tercer sector en Farrell Fritz, Nueva York, explica que los límites de deducción para vehículos y otros bienes dependen significativamente de si la ONG vende el activo o lo utiliza directamente para actividades exentas de impuestos. Por ejemplo, la deducción se basa comúnmente en el precio obtenido en subasta, aunque puede ser mayor si el vehículo se emplea directamente en iniciativas benéficas, como la entrega de alimentos. Estas diferencias en el uso que las organizaciones hacen de los activos recibidos tienen un impacto relevante en el beneficio fiscal para el donante. Spann añade que las instituciones suelen preferir donaciones de acciones apreciadas, pese al trabajo operativo necesario para gestionarlas.
En conclusión, los inversionistas que consideren donar acciones o activos tangibles deben evaluar cuidadosamente las nuevas regulaciones fiscales, la liquidez del activo, los requerimientos de valoración y la capacidad de la organización destinataria para administrar correctamente los bienes donados. La asesoría especializada sigue siendo fundamental para optimizar la eficiencia fiscal en sus estrategias filantrópicas.