Cyrus Beschloss, CEO de Verb, sostiene que muchas personas que critican públicamente la inteligencia artificial y los centros de datos que la sustentan también recurren a herramientas de IA en su vida diaria. A medida que aumenta su adopción, el debate sobre el consumo energético, el empleo y el uso de datos influye cada vez más en las decisiones de inversión empresarial y en los proyectos de infraestructura local.
Beschloss intervino el miércoles en un evento empresarial centrado en las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos. Allí afirmó que quienes se oponen a los centros de datos y a la IA también utilizan esta tecnología. Si tuvieran que elegir entre cerrar los centros de datos o renunciar a ChatGPT, dijo, la decisión sería difícil. «La gente se enfrentará a una encrucijada muy importante», afirmó.
Verb permite fijar un precio por los datos personales
Verb gestiona un mercado de datos en el que los usuarios pueden decidir si venden información propia y establecer el precio mínimo que aceptarían. Las empresas de IA que buscan datos pueden optar por comprarlos. El modelo pretende que la información utilizada para entrenar y operar sistemas de inteligencia artificial sea un activo que los usuarios puedan controlar y monetizar.
Verb afirma que los datos de su plataforma muestran que la mayoría de las consultas a asistentes de IA están relacionadas con la educación, la escritura, la actividad empresarial y los trabajos complementarios. Esto sugiere que la IA se integra en tareas cotidianas y actividades generadoras de ingresos, y no se limita a la experimentación o el entretenimiento.
Los centros de datos llevan el debate a las comunidades
Desde el lanzamiento de ChatGPT en 2022, la IA se ha extendido rápidamente. Meta, Google y otras tecnológicas siguen invirtiendo en modelos e infraestructura para ampliar sus aplicaciones en ámbitos como la sanidad y el trabajo de oficina. Sus críticos advierten de posibles desplazamientos de empleo, del consumo de energía, del uso de material protegido por derechos de autor sin permiso y de otros riesgos sociales.
Los centros de datos son el foco físico más visible de estas disputas. Sus defensores señalan que las nuevas instalaciones pueden crear puestos de trabajo, dinamizar las economías locales y reforzar infraestructuras tecnológicas esenciales. Quienes se oponen temen que sobrecarguen las redes eléctricas, eleven las facturas de los servicios públicos, dañen el medioambiente y alteren la vida de las comunidades cercanas.
El 70% se opone a un centro de datos cerca de su vivienda
Una encuesta de Gallup publicada en mayo reveló que el 70% de los encuestados en Estados Unidos se oponía a la construcción de un centro de datos cerca de su hogar. El resultado pone de relieve que la inversión de las empresas de IA no depende únicamente de la demanda de chips, modelos y programas: también está condicionada por la disponibilidad de electricidad, el uso del suelo y la aceptación de las comunidades.
En Estados Unidos siguen adelante los planes para desplegar infraestructura de IA a gran escala. Stargate, iniciativa respaldada por OpenAI, Oracle y SoftBank, se puso en marcha en 2025 con la intención de invertir 500.000 millones de dólares en infraestructura relacionada. Para Verb, una base creciente de usuarios de IA podría ampliar la demanda de transacciones de datos. Sin embargo, el origen de esos datos, el control de los usuarios, el consumo energético y la ubicación de los centros de datos siguen siendo retos concretos para el sector.