La nueva serie de Netflix East of Eden pone el foco en una cuestión práctica de las finanzas familiares: si los hijos están realmente preparados para hacerse cargo del patrimonio o la empresa que reciben de sus padres. Los actores Joseph Zada y Joe Anders, que interpretan a los hermanos Cal y Aaron, han hablado de la distancia que podría haber entre la confianza de sus personajes en sus dotes de gestión y su desempeño real. Esa diferencia también es un aspecto poco atendido de la planificación sucesoria.
Cal y Aaron no valoran igual sus capacidades
Cal, el personaje de Zada, afirma con seguridad que podría dirigir con éxito el negocio familiar. Al hablar de Aaron, interpretado por Anders, sostiene que su hermano menor es poco constante y quizá sobrestima sus resultados. Anders coincide en que Aaron probablemente empezaría convencido de que lo está haciendo muy bien, hasta que la realidad le obligara a revisar esa impresión.
La escena refleja un reto concreto en la sucesión de empresas familiares: los herederos pueden desconocer la situación del negocio o carecer de la experiencia necesaria para gestionarlo. En una encuesta, el 33% de los hijos adultos afirmó que recibir una herencia podría provocar conflictos entre hermanos. Cuando una empresa pasa a la siguiente generación, la autoridad para tomar decisiones, la capacidad de gestión y las relaciones familiares suelen quedar entrelazadas.
Los fideicomisos o la designación de un albacea profesional pueden formar parte de la planificación, pero no sustituyen el conocimiento de la familia sobre los acuerdos adoptados.
Padres e hijos discrepan sobre el patrimonio
En otra encuesta, el 70% de los hijos adultos dijo confiar en su capacidad para gestionar una herencia. Esa seguridad no implica necesariamente que conozcan los activos que componen el patrimonio ni las responsabilidades que conlleva recibirlos. El 8% creía que las herencias de sus padres incluían activos empresariales; solo el 2% de los padres afirmó que sus patrimonios incluían ese tipo de bienes.
También había diferencias en las expectativas sobre los inmuebles. El 54% de los padres señaló que su patrimonio incluía propiedades, entre ellas la vivienda habitual. En cambio, el 32% de los hijos adultos esperaba recibir bienes inmobiliarios de sus padres.
Los datos apuntan a que ambas generaciones no siempre comparten la misma idea de qué incluye la herencia. Cuando se produce la transmisión, los herederos pueden tener que decidir de forma inesperada si mantienen, gestionan o venden determinados activos.
Hablar antes puede preparar mejor la sucesión
Valerie Galinskaya, directora del Merrill Lynch Family Wealth Center, ha subrayado que la confianza no equivale a la capacidad. Recomienda que las familias hablen abiertamente de sus planes sucesorios, sin esperar a que los padres sean mayores o a que la transferencia de activos esté próxima. A medida que los hijos crecen, explicarles poco a poco qué bienes tiene la familia, cómo funciona la empresa y qué implica gestionarla puede acercarlos antes a esas decisiones.
Una persona encuestada dijo que esperaba utilizar una futura herencia para crear una empresa familiar y transmitirla a sus propios hijos. Para hacerlo no bastaría con disponer de capital: también harían falta conocimientos empresariales, responsabilidades bien definidas y objetivos compartidos dentro de la familia. Que una generación haya gestionado con éxito un negocio no garantiza que la siguiente quiera o pueda hacerse cargo.
La historia de los hermanos de East of Eden recuerda que transmitir riqueza no consiste solo en poner activos en manos de los hijos. Cuando el patrimonio incluye una empresa, la comprensión de los bienes, la capacidad de gestión del heredero y los acuerdos familiares condicionan que la sucesión se desarrolle según lo previsto.