
La postura inflexible del presidente de Estados Unidos, Trump, sobre la política de inmigración ha suscitado una amplia atención en Wall Street. Analistas y economistas advierten que si Trump implementa completamente el plan de deportación masiva de inmigrantes indocumentados, la economía de Estados Unidos enfrentará un grave impacto, causando un daño irreversible en la oferta de mano de obra y la rentabilidad empresarial en varios sectores.
El gobierno de Trump ya ha declarado una emergencia nacional en la frontera sur y ha comenzado a deportar a algunos inmigrantes ilegales. Sin embargo, hasta ahora, no se han llevado a cabo redadas masivas en lugares de trabajo ni deportaciones a gran escala. Esta actitud cautelosa ha dado temporalmente un respiro a los inversores, y el mercado ha reaccionado con relativa estabilidad. Los datos muestran que, en la primera semana de Trump en el cargo, las acciones de Yum Brands subieron un 2.4%, y las del fabricante de materiales de construcción Owens Corning subieron un 3%. No obstante, sectores dependientes de mano de obra de bajo costo, como el hotelero y el de ocio, todavía muestran debilidad.
Los estrategas de Wall Street afirman que esta es una apuesta arriesgada en la política. Los inmigrantes indocumentados son una parte esencial de las industrias intensivas en mano de obra en Estados Unidos; desde la agricultura y la producción de alimentos hasta la construcción y la manufactura, su contribución no puede ignorarse. Si Trump lleva a cabo una política de deportación total, será difícil para estas industrias encontrar mano de obra adecuada, lo que provocará un aumento de la inflación y una desaceleración del crecimiento económico. Según las previsiones de las instituciones, si se deportan masivamente a todos los inmigrantes indocumentados, el Producto Interno Bruto (PIB) de Estados Unidos podría disminuir un 8%.
Los estrategas de Jefferies LLC estiman que deportar de 1 a 2 millones de inmigrantes indocumentados al año es factible para el gobierno de Trump, pero esta cifra está lejos de los 11 millones de inmigrantes sin documentos que se estima viven en Estados Unidos. Esta previsión relativamente moderada se basa en la posibilidad de que Trump opte por un compromiso en su política de inmigración, en parte debido a los altos costos y los desafíos legales en los tribunales.
Los expertos del mercado consideran que la actitud dura de Trump hacia la inmigración es más una postura política que una intención real de ejecución de políticas. Todd Ahlsten, director de inversiones de Parnassus Investments, señala que, considerando la proximidad de las elecciones intermedias y que Trump ve el mercado de valores como una "tarjeta de calificaciones" de sus políticas, es poco probable que implemente completamente sus políticas de inmigración. Ahlsten agrega: "Es fácil olvidar que las exageraciones políticas a menudo superan la ejecución real, especialmente cuando las presiones económicas y del ciclo electoral están presentes".
Sin embargo, si Trump cumple con sus promesas, los riesgos potenciales no deben subestimarse. Mark Malek, director de inversiones de Siebert, advierte: "Si estamos hablando de la deportación rápida de 10 millones de inmigrantes indocumentados, aunque el impacto podría ser menor que el de la pandemia del COVID-19, también sería considerablemente grande." Los análisis apuntan a que la deportación masiva afectaría significativamente al mercado laboral, elevaría la inflación y sumiría a las industrias intensivas en mano de obra en una crisis de escasez de personal.
A pesar de esto, los inversores aún no están extremadamente preocupados por las políticas de Trump, en parte debido a la confianza en una implementación más moderada de las políticas. Pero los observadores enfatizan que aún es necesario seguir de cerca la evolución futura para determinar si la economía estadounidense puede resistir la incertidumbre de estas políticas.

