Agility Robotics debutó en bolsa en Estados Unidos el jueves tras fusionarse con una sociedad de adquisición con propósito especial (SPAC), una operación que le aportó unos 465 millones de dólares para ampliar la producción y el despliegue de su robot bípedo Digit. La financiación ofrece margen para crecer, pero la consejera delegada, Peggy Johnson, tendrá que demostrar que la demanda de los clientes se convierte en ingresos recurrentes capaces de cubrir los costes de fabricación y operación. Las acciones, que cotizan con el símbolo AGLT, cerraron el viernes a 9,90 dólares, casi un 14% por debajo del cierre del jueves, en un contexto de mayor volatilidad tras las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos.
Johnson, de 65 años, empezó su carrera como ingeniera en 1985 y después ocupó puestos directivos en Qualcomm, Microsoft y la empresa de realidad aumentada Magic Leap. Ha definido su especialidad como llevar tecnologías en etapas iniciales hacia su comercialización. En Agility, el reto es convertir los ensayos y despliegues limitados de robots humanoides en un negocio repetible.
Los fondos de la OPV deben respaldar más despliegues
Con sede en Oregón, Agility diseñó Digit para trabajar en almacenes y fábricas. Sus robots ya operan en nueve instalaciones de clientes, incluidas las de Amazon, Toyota y la empresa logística GXO. La compañía también ha comunicado un pedido de 1.000 robots por más de 300 millones de dólares de un cliente con vínculos financieros con Agility.
La actividad actual sigue siendo muy inferior a lo que sugiere el importe del pedido. Los documentos presentados ante los reguladores indican que Agility generó solo 1,8 millones de dólares de ingresos el año pasado y registró una pérdida neta de 138,1 millones. Los inversores estarán atentos a si el pedido se entrega según lo previsto y se transforma en ingresos sostenidos, así como a la capacidad de la empresa para captar nuevos clientes.
La competencia en robótica humanoide se intensifica, aunque aún no está demostrado que esta tecnología pueda realizar tareas reales a gran escala. La rival Figure AI alcanzó recientemente una valoración de 39.000 millones de dólares, mientras que Apptronik fue valorada en unos 5.500 millones. Ambas han atraído importantes inversiones y prueban sus robots con clientes. Tesla, por su parte, ha iniciado la producción de su robot Optimus en su fábrica de Fremont. Johnson sostiene que la experiencia previa de Agility con robots en entornos operativos puede darle una ventaja. Las empresas, afirmó, necesitan automatización ahora y Agility puede abordar problemas prácticos.
La trayectoria de Johnson en Qualcomm y Microsoft
Johnson se licenció en ingeniería eléctrica por la Universidad Estatal de San Diego y comenzó su carrera en General Electric. Se incorporó a Qualcomm en 1989, cuando la empresa aún estaba en desarrollo, y pasó allí 24 años en puestos de ingeniería, ventas y desarrollo de negocio. Llegó a ser vicepresidenta ejecutiva de desarrollo de mercado global y dirigió el lanzamiento de BREW, una plataforma de aplicaciones móviles que facilitó más de 1.000 millones de dólares en ventas de aplicaciones.
Paul Jacobs, ex consejero delegado de Qualcomm, ha destacado dos operaciones que contribuyeron a consolidar la reputación de Johnson en el sector: un acuerdo de 2002 con Nextel para tecnología telefónica con función de pulsar para hablar y la venta en 2010 de espectro inalámbrico de Qualcomm a AT&T por 1.925 millones de dólares.
Tras la llegada de Satya Nadella a la dirección de Microsoft en 2014, este pidió a Johnson que liderara el desarrollo de negocio. Durante sus seis años en la compañía, Johnson contribuyó a impulsar la compra de LinkedIn por 26.200 millones de dólares y fundó M12, el brazo de capital riesgo de Microsoft, para estrechar la relación con las startups de Silicon Valley. Nagaraj Kashyap, que trabajó con ella tanto en Qualcomm como en Microsoft, ha señalado que daba autonomía a sus equipos: se centraba en contratar a las personas adecuadas y después les permitía ejecutar.
Johnson llevaba tiempo queriendo dirigir una empresa. En 2020 asumió el puesto de consejera delegada de Magic Leap, orientó más el negocio hacia clientes corporativos y supervisó el lanzamiento de un nuevo dispositivo de realidad aumentada. Cuando el interés por el metaverso perdió fuerza, Agility se puso en contacto con ella. Fundada en 2015 como una escisión de la Universidad Estatal de Oregón, la empresa llevaba casi una década desarrollando robots. Johnson dijo que vio una máquina que ya podía trabajar y aportar valor a clientes reales.
El coste de Digit y su rentabilidad por unidad, bajo examen
Dos años después de la llegada de Johnson a Agility, una cuestión central es si la empresa podrá abaratar Digit a medida que aumente la producción y ofrecer un retorno económico medible a sus clientes empresariales. Los documentos corporativos estiman que los materiales de la nueva versión, Digit 5, cuestan inicialmente 150.000 dólares por unidad. Agility prevé reducir esa cifra a 75.000 dólares con una producción anual de 1.000 unidades y a 30.000 dólares con 10.000.
Esos objetivos requieren un fuerte aumento de la producción. El modelo financiero de Agility también parte de una vida útil de cinco años para cada robot y de un plazo de recuperación de la inversión de unos 18 meses bajo un modelo de «robótica como servicio». Se trata de hipótesis de la empresa, no de resultados ya alcanzados. Michelle Sun, analista de robótica, ha señalado varios obstáculos para que la economía de cada robot sea viable. Para los inversores, el aumento de la producción, la reducción de costes y la continuidad de los pagos de los clientes deben avanzar a la vez; un desfase en cualquiera de esos frentes podría afectar al camino hacia la rentabilidad.
Para ampliar las tareas industriales que puede realizar Digit, Agility abrió recientemente un centro de ingeniería de 60.000 pies cuadrados en Fremont, California, donde entrenará a los robots para que aprendan nuevas habilidades. La empresa afirma haber recopilado 65.000 horas de datos de operación comercial y quiere utilizar la información de cada despliegue para mejorar la tecnología. La utilidad de Digit en fábricas y almacenes, y su aceptación por parte de los clientes, dependerán de que esos datos y el trabajo de ingeniería se traduzcan en más tareas que los robots puedan ejecutar con fiabilidad.
La industria concentra la demanda a corto plazo
Johnson considera que la escasez de mano de obra puede impulsar la automatización en los sectores manufacturero y logístico. Citando un estudio de Deloitte, afirmó que la industria manufacturera de Estados Unidos podría tener 1,9 millones de puestos sin cubrir para 2033. También indicó que Agility cuenta con una cartera cualificada de 30 empresas. Por ahora, los despliegues comerciales se concentran en entornos industriales. Johnson contempla que los robots humanoides puedan llegar algún día a los hogares, aunque no espera que ocurra en los próximos cinco años.
Tras su salida a bolsa, Agility no solo debe captar capital o anunciar pedidos: tendrá que ampliar la producción según lo previsto, reducir el coste de Digit y mantener a los robots realizando tareas valiosas en las instalaciones de sus clientes. Los ingresos, las pérdidas, el pedido comunicado y los objetivos de costes ofrecen indicadores concretos para seguir el avance. Si el aumento de escala puede llevar a la rentabilidad todavía está por demostrarse en los resultados operativos.