Shell y Venezuela están en profundas negociaciones sobre más bloques de gas natural en alta mar, reflejando una característica prominente de la inversión energética global actual: bajo el contexto de conflictos geopolíticos, la seguridad del suministro de GNL y el resurgimiento de la inversión en petróleo y gas tradicionales, los recursos de gas transfronterizos están recuperando una valoración estratégica. Para Shell, no se trata solo de obtener reservas, sino de asegurar una mayor flexibilidad de suministro en el mercado global de GNL; para Venezuela, es una oportunidad para convertir fuentes de gas marinas inutilizadas en divisas e inversión.
Geopolítica, sanciones y seguridad de las fuentes de gas
El avance del proyecto en Venezuela ha sido lento durante años, no por falta de recursos, sino por el cambio constante en políticas y marcos de sanciones. Según un informe de Reuters en febrero, Shell consideró como una señal positiva la reciente licencia general otorgada por Estados Unidos para continuar con el proyecto Dragon. Al mismo tiempo, Trinidad ha enfrentado presión por la disminución de sus fuentes de gas locales, necesitando buscar suministros complementarios más cercanos y accesibles. Esta combinación ha elevado significativamente la importancia de los campos de gas en altamar de Venezuela. Siempre y cuando el marco de permisos sea estable, el gas natural venezolano ampliará rápidamente su importancia para la cadena de suministro de GNL en el Caribe y el Atlántico.
Implicaciones en diferentes activos|Impacto en activos cruzados
Esto tiene tres implicaciones para el mercado. Primero, para las acciones energéticas, las negociaciones de Shell muestran que las grandes compañías internacionales de petróleo y gas aún buscan activamente recursos tradicionales de petróleo y gas que puedan conectarse rápidamente a la infraestructura existente, en lugar de esperar solo los resultados de exploraciones a largo plazo. Segundo, para el mercado de GNL, si Atlantic LNG obtiene más gas de Venezuela, se espera que mejore su tasa de utilización de instalaciones y su posición de suministro regional. Tercero, para los activos geopolíticos y de política, los derechos históricos de Rusia, las licencias de Estados Unidos y la reforma fiscal de Venezuela decidirán si estas negociaciones se convierten en un gasto de capital sustancial o permanecen en la etapa de acuerdo marco. Lo que realmente cotiza en el mercado no es solo la cantidad de recursos, sino si estos pueden convertirse en moléculas exportables.
Implicaciones a largo plazo para la industria
A largo plazo, esta noticia indica que la competencia por las fuentes de gas globales se está inclinando cada vez más hacia una lógica de optimización de existencias "cerca del mercado, cerca de las instalaciones, cerca de las plataformas existentes". Shell no busca solo el proyecto Dragon, sino también integrar Mariscal Sucre y Loran para formar una combinación regional que pueda suministrar gas de manera continua a Trinidad. Este tipo de disposición es más robusta que los proyectos individuales, ya que permite diversificar el riesgo de yacimiento y bloque, además de aumentar el poder de negociación futuro en los mercados de GNL y de gas regional. Si Shell supera las barreras de derechos y permisos rusos, esto no solo sería un caso de recuperación para la industria energética de Venezuela, sino que también podría ser el comienzo de una reorganización geoeconómica del gas en el Caribe.