Los resultados de las elecciones legislativas de mitad de mandato de EE. UU. de 2026 han añadido incertidumbre a las acciones vinculadas a la inteligencia artificial. La oposición a la expansión de los centros de datos podría traducirse en revisiones más exigentes, mayores obstáculos para obtener permisos o retrasos en las obras. Aun así, los cambios políticos no determinan por sí solos la evolución del mercado a largo plazo, una idea que respalda la trayectoria inversora de Warren Buffett y su apuesta por los fondos indexados del S&P 500 de bajo coste.
Los centros de datos podrían afrontar más trabas
Los centros de datos son una pieza clave de la infraestructura necesaria para expandir la inteligencia artificial. Por eso, las empresas que dependen de nuevas inversiones en este ámbito pueden verse expuestas a retrasos regulatorios o en la concesión de permisos. Durante los próximos meses y el próximo año, algunas compañías de IA podrían operar en un entorno más complejo si sus proyectos quedan sujetos a un mayor escrutinio.
Esto no implica que los inversores tengan que apartarse del conjunto del mercado. Buffett, que dirigió Berkshire Hathaway durante décadas, ha invertido en periodos marcados por elecciones, recesiones, cambios regulatorios, crisis financieras, guerras y caídas bursátiles. Su enfoque ha priorizado el valor de los negocios y los plazos largos, en lugar de dejar que los acontecimientos políticos o económicos de corto plazo dicten sus decisiones.
Buffett restó peso al resultado electoral
Tras las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016, Buffett afirmó que esperaba que la bolsa pudiera estar más alta dentro de 10, 20 y 30 años, tanto si ganaba Hillary Clinton como si lo hacía Donald Trump. El resultado no fue el que él apoyaba, pero no por ello adoptó una perspectiva bajista.
Desde el día de las elecciones, el 8 de noviembre de 2016, los tres principales índices bursátiles de EE. UU. han tenido, en conjunto, una evolución favorable, pese a las perturbaciones económicas, la pandemia mundial y las tensiones geopolíticas. Ese historial no garantiza rendimientos futuros, pero muestra que el resultado de una elección no tiene por qué determinar el comportamiento del mercado durante décadas. Los comicios pueden generar volatilidad y resultados desiguales entre sectores; la dirección a largo plazo depende de muchos otros factores.
El fondo indexado superó a varios hedge funds
En diciembre de 2007, Buffett apostó con un gestor de hedge funds a que un fondo indexado de bajo coste ligado al S&P 500 superaría a una cartera de fondos de cobertura entre enero de 2008 y diciembre de 2017. El fondo indexado ganó la competición, que duró una década. El resultado puso de relieve lo difícil que puede ser batir al mercado de forma sostenida y por qué los inversores con horizontes largos suelen considerar fondos de bajas comisiones que replican índices amplios.
El Vanguard S&P 500 ETF (VOO) sigue la evolución del S&P 500. En los últimos cinco años, su rentabilidad ha seguido de cerca la del índice. Su ratio de gastos es del 0,03%, equivalente a unos 3 dólares anuales por cada 10.000 invertidos. El 6 de noviembre de 2026, VOO cotizaba a 675,99 dólares, con una subida diaria de 2,02 dólares, o un 0,30%.
Un ETF indexado de bajo coste puede servir para diversificar una cartera, pero no vuelve irrelevantes las acciones individuales ni elimina el riesgo de mercado. Las posiciones de Berkshire Hathaway también pueden servir como referencia para analizar compañías. Tanto quienes optan por acciones concretas como quienes prefieren fondos indexados siguen expuestos al efecto de las elecciones, los cambios de gobierno y las presiones económicas generales; la rentabilidad pasada no garantiza resultados futuros.