El S&P 500 perdió un 4,4% el jueves, su mayor caída diaria desde abril de 2025. El Nasdaq retrocedió un 5,5% y quedó más de un 10% por debajo de su máximo reciente, entrando en territorio de corrección. No está claro si las ventas darán paso a un descenso más profundo, pero las elevadas valoraciones ya concentran la atención. El CAPE del S&P 500 —la ratio precio-beneficio ajustada al ciclo— cerró recientemente por encima de 41: más del doble de su promedio histórico, situado en torno a la decena, y cerca de los niveles previos al estallido de la burbuja puntocom. En este contexto, incluso las compañías consolidadas que reparten dividendos pueden cotizar caras.
Buffett y la disciplina ante las valoraciones altas
Desde 1929, el S&P 500 ha registrado 13 mercados bajistas, definidos por caídas de al menos el 20%. En promedio, se han producido aproximadamente una vez cada siete años. El último fue en 2022, pero ese intervalo histórico no permite anticipar cuándo llegará el siguiente. Un CAPE elevado refleja precios optimistas; no predice la fecha de un desplome.
Warren Buffett, presidente de Berkshire Hathaway, escribió en su carta a los accionistas de 1986: «Sé temeroso cuando otros son codiciosos y codicioso cuando otros son temerosos». La frase no invita a adivinar el techo del mercado, sino a mantener la disciplina cuando el optimismo de los inversores y las valoraciones aumentan. Además, los precios elevados no se limitan a las acciones vinculadas a la inteligencia artificial: también pueden afectar a empresas consideradas pagadoras fiables de dividendos.
Coca-Cola, una de las participaciones más conocidas de Buffett, ha subido alrededor de un 40% en el último año. En el mismo periodo, su rentabilidad por dividendo ha bajado del 3% al 2,2%. A 6 de noviembre, la acción cotizaba en torno a los 96 dólares, casi 29 veces sus beneficios, frente a 23,5 veces para el S&P 500. La calidad de una empresa y el precio que se paga por sus acciones son cuestiones distintas. Cuando la cotización sube, la rentabilidad que obtiene un nuevo comprador disminuye.
Cómo calcular un precio objetivo a partir del dividendo
Una opción para los inversores en dividendos es comparar la rentabilidad actual de una acción con su propio historial. Si la subida de la cotización la sitúa muy por debajo de sus niveles habituales, pueden reconsiderar si les conviene ampliar la posición, sin que eso implique necesariamente vender una empresa de calidad que ya tienen en cartera.
Coca-Cola paga un dividendo anual de 2,12 dólares por acción. Para obtener una rentabilidad del 3%, el precio de compra indicativo sería de unos 71 dólares, cerca de un 25% por debajo de la cotización reciente de 96 dólares. El cálculo muestra la relación entre la rentabilidad deseada y el precio de entrada; no significa que la acción vaya a alcanzar ese nivel.
También es posible elaborar una lista de entre cinco y ocho compañías de calidad, con dividendos, que se estaría dispuesto a mantener a largo plazo, y calcular el precio compatible con la rentabilidad buscada para cada una. Definir esas condiciones de antemano puede ayudar a evitar decisiones improvisadas durante una caída. Aun así, los dividendos y los fundamentos de las empresas pueden cambiar, por lo que conviene revisar los precios objetivo conforme evolucionen las circunstancias.
Revisar la reinversión automática de dividendos
Cuando las valoraciones son elevadas, también puede ser útil revisar si tiene sentido seguir reinvirtiendo automáticamente los dividendos en las mismas acciones. Pausar la reinversión en algunas posiciones permite acumular efectivo para posibles compras futuras sin vender los títulos existentes. Berkshire ha aplicado una estrategia de liquidez a una escala mucho mayor: al cierre del segundo trimestre tenía 364.700 millones de dólares en efectivo.
El efectivo aporta flexibilidad, pero no indica que una caída del mercado sea inminente ni está exento de coste de oportunidad. Para quienes invierten en dividendos, las preguntas prácticas son si sus posiciones actuales están valoradas de forma razonable y si sus planes de reinversión siguen teniendo sentido, no si una sola corrección basta para cambiar de estrategia.
Los valores con dividendos no siempre resisten mejor
El comportamiento histórico indica que algunas acciones de calidad con dividendos han aguantado mejor que el mercado general en periodos de ventas, aunque no ha sido así en todos los casos. Durante los dos años posteriores al estallido de la burbuja puntocom, el S&P 500 cayó un 47%, mientras que el índice S&P 500 Dividend Aristocrats avanzó un 4,7% y superó al índice general en 51,4 puntos porcentuales. En la crisis financiera global, el Dividend Aristocrats perdió un 47,2%, menos que el descenso del 55% del S&P 500.
La pauta se invirtió durante el mercado bajista de la pandemia de 2020: el Dividend Aristocrats quedó rezagado frente al S&P 500 en alrededor de 1,4 puntos porcentuales. Las acciones con dividendo no son inmunes a las perturbaciones del mercado, y un precio de compra elevado también puede lastrar la rentabilidad. Con el CAPE en niveles altos y el reciente retroceso de las bolsas, sigue sin saberse si habrá nuevas caídas. La rentabilidad por dividendo, las valoraciones y los planes de liquidez son algunos de los factores concretos que los inversores pueden seguir vigilando.