
Japón se enfrenta a un panorama económico de "nieve y fuego": por un lado, su balanza de pagos alcanza niveles históricos, reflejando un aumento en su competitividad internacional; por otro lado, la inflación interna sigue erosionando la vida de los ciudadanos, señalando que la recuperación económica aún está limitada por obstáculos estructurales profundos.
Nuevo máximo histórico del superávit en cuenta corriente, la devaluación del yen impulsa los ingresos en el extranjero
Los últimos datos del Ministerio de Finanzas de Japón, publicados el 12 de mayo, muestran que en el año fiscal 2024 el superávit de la cuenta corriente de Japón alcanzó los 30.38 billones de yenes (aproximadamente 1.5 billones de yuanes), un aumento interanual del 16.1%, siendo el nivel más alto desde 1985, y marcando el segundo año consecutivo de récord histórico.
El principal motor del crecimiento de este superávit proviene de la "primera cuenta de ingresos", es decir, las ganancias de inversiones en el extranjero. Esta parte del superávit aumentó un 11.7% interanual para alcanzar un máximo histórico de 41.71 billones de yenes. Un factor clave tras este incremento es la ventaja cambiaria generada por la devaluación del yen, lo que ha aumentado significativamente los ingresos por dividendos e intereses de las filiales en el extranjero de las instituciones financieras japonesas, fortaleciendo el desempeño general de la balanza de pagos.
Las exportaciones superan los 100 billones de yenes, el déficit de servicios se reduce
Aunque la balanza comercial sigue mostrando un déficit, totalizando 4.05 billones de yenes, que se amplió un 9.8% respecto al año anterior, es destacable que el valor total de las exportaciones superó por primera vez la marca de los 100 billones de yenes, alcanzando los 106.24 billones de yenes, un aumento del 4.1%. Las exportaciones de productos de alto valor agregado, como equipos de fabricación de semiconductores, tuvieron un rendimiento destacado. Al mismo tiempo, impulsadas por un aumento en la demanda de computadoras, las importaciones también crecieron un 4.3% interanual, situándose en 110.29 billones de yenes.
En términos de la balanza de servicios, el déficit se redujo a 2.58 billones de yenes, lo que representa una disminución del 20.2% interanual. El aumento en el superávit del sector de viajes, impulsado por el gasto de turistas que visitan Japón, contrarrestó efectivamente la presión generada por el aumento de las importaciones de servicios digitales.
En marzo de 2025, el superávit de la cuenta corriente aumentó un 6.7% interanual, alcanzando los 3.68 billones de yenes, lo que indica que esta tendencia aún continúa.
Presión inflacionaria interna persiste, precios de alimentos siguen altos
Sin embargo, en contraste con los puntos destacados en el exterior, la presión inflacionaria interna en Japón sigue afectando la vida de los residentes. Los datos publicados el mismo día por el Ministerio de Agricultura mostraron que a principios de mayo el precio del arroz en supermercados se redujo ligeramente a 4214 yenes por 5 kilogramos, una disminución de 19 yenes respecto al período anterior, siendo la primera caída en 18 semanas consecutivas, pero todavía es el doble del precio del año anterior.
Para mitigar la presión inflacionaria de los alimentos, el gobierno de Kishida ha estado liberando reservas estratégicas de arroz desde marzo para estabilizar los precios del mercado, una medida que se espera que dure hasta julio. Aunque la medida ha comenzado a surgir efecto, los altos precios reflejan que el verdadero dilema en el nivel de vida aún no se ha resuelto.
Análisis: Problemas estructurales limitan la recuperación de la calidad económica japonesa
En general, el sólido desempeño de la cuenta externa de Japón refleja en cierta medida los beneficios temporales de la devaluación del yen, pero la débil demanda interna, el aumento del costo de vida y la creciente presión inflacionaria destacan los cuellos de botella estructurales profundos en el proceso de recuperación.
Los expertos señalan que si el gobierno no encuentra un equilibrio entre reducir el costo de vida y mantener la competitividad de las exportaciones, la economía japonesa podría seguir luchando entre "superávit externo y dolor interno" durante mucho tiempo.

