
Los datos publicados el viernes por el Ministerio del Interior de Japón mostraron que el IPC subyacente de Tokio, excluyendo alimentos frescos, subió un 3.4% interanual, superando no solo el 2.4% de marzo, sino también el 3.2% esperado por el mercado. Es la primera vez desde julio de 2023 que la inflación subyacente en Tokio supera el 3%, lo que indica que la presión sobre los precios a nivel nacional podría aumentar aún más.
El aumento de precios fue impulsado principalmente por varios factores: primero, la reducción de los subsidios del gobierno en las facturas de electricidad y gas, lo que aumentó el gasto relacionado con la energía; en segundo lugar, el inicio del nuevo año fiscal japonés el 1 de abril trajo un alza en los precios de varios alimentos, agravando la carga de vida de los hogares; además, el aumento de precios en el sector servicios refleja que la inflación se está extendiendo a ámbitos más amplios.
Economistas han señalado: "Los precios en Tokio como indicador principal de la tendencia inflacionaria nacional, si continúan subiendo, podrían forzar al Banco de Japón a reevaluar su postura laxa".
La amplitud de aumento del IPC más amplio ha subido al 3.1%, lo que indica que la estructura inflacionaria de Japón está cambiando. El indicador subyacente que excluye los precios de los alimentos frescos y la energía, más representativo de la tendencia inflacionaria potencial, también mostró una aceleración notable, con un aumento interanual del 3.1% en abril comparado con el 2.2% previo, siendo una señal importante para el Banco de Japón sobre el impulso de precios de medio a largo plazo.
Esto indica que la inflación actual ya no es solo impulsada por los costos; la presión del lado de la demanda, especialmente en el sector servicios, la salud y la educación, áreas de "bienes no comercializables", se está convirtiendo gradualmente en el principal motor de la inflación.
Además de los factores internos, el Banco de Japón también enfrenta riesgos externos. Las nuevas medidas arancelarias implementadas recientemente por Estados Unidos podrían suprimir la demanda global, especialmente presionar la industria exportadora japonesa, afectando la inversión empresarial y el crecimiento salarial. El mercado en general espera que el Banco de Japón mantenga la tasa de interés a corto plazo en el 0.5% sin cambios en su reunión de política del 30 de abril al 1 de mayo, para enfrentar el entorno externo complejo y las presiones económicas internas.
Además, hay quienes en el mercado revelaron que el Banco de Japón podría reducir sus proyecciones de crecimiento económico y advertir sobre los riesgos de nuevas tensiones arancelarias con Estados Unidos. Los analistas creen que un aumento abrupto de tasas por parte del Banco de Japón podría debilitar aún más la ya frágil demanda interna, intensificando el riesgo de "estanflación".

