El Banco de Japón (BOJ) aumentará desde enero de 2027 el ritmo de venta de sus fondos cotizados (ETF): las desinversiones anuales, calculadas a valor contable, pasarán de unos 330.000 millones a 860.000 millones de yenes. Incluso con el nuevo ritmo, liquidar las tenencias registradas a finales de septiembre llevaría alrededor de 43 años, frente a los 112 años estimados con el plan anterior. La reducción gradual busca trasladar parte del riesgo bursátil a inversores privados sin provocar perturbaciones por ventas concentradas.
Al anunciar el cambio el 30 de octubre, el BOJ mantuvo en torno al 1,25% su objetivo para el tipo de interés a un día. La decisión sobre los tipos incide en el coste actual de financiación; la venta de ETF reduce activos acumulados durante etapas anteriores de flexibilización monetaria. Son dos aspectos distintos de la política del banco central: las condiciones monetarias actuales y la retirada de su exposición bursátil de largo plazo.
Cómo acumuló ETF el Banco de Japón
El BOJ incorporó los ETF de renta variable a sus herramientas de estímulo en 2010, cuando Japón afrontaba una demanda débil y presiones deflacionistas. Al comprar fondos que replican cestas de acciones, el banco central pretendía incentivar la asunción de riesgo y mejorar las condiciones financieras. Entre sus objetivos estaba reducir la prima que los inversores exigían por mantener activos de mayor riesgo.
Estas compras dieron al BOJ una exposición amplia al mercado de acciones, en lugar de participaciones directas en empresas concretas. La demanda adicional podía respaldar las cotizaciones y animar a los inversores a aceptar una rentabilidad esperada menor. Con los tipos a corto plazo ya cerca de cero, la adquisición de activos de riesgo formó parte de los esfuerzos de estímulo.
En 2010, el entonces gobernador Masaaki Shirakawa también advirtió de posibles pérdidas y de las consecuencias de que el banco central interviniera más profundamente en la asignación de recursos entre empresas y sectores. Los activos acumulados en los años siguientes no desaparecieron cuando terminó esa política.
El BOJ dejó de comprar ETF nuevos en marzo de 2024. A diferencia de los bonos individuales, los ETF de renta variable ordinarios no tienen una fecha de vencimiento en la que se reembolse el principal. Para reducir sus tenencias, el banco central debe encontrar compradores y aceptar la valoración que el mercado haga de los riesgos futuros. Las participaciones de un ETF pueden cambiar de manos sin que el BOJ tenga que vender de inmediato todas las acciones subyacentes, aunque los compradores deben absorber los activos que salen al mercado.
El banco central afirma que buscará un «precio adecuado» y que tratará de evitar pérdidas y perturbaciones en los mercados japoneses en la medida de lo posible. Acelerar las ventas trasladaría el riesgo antes, pero exigiría que los compradores asumieran más participaciones cada año. Un ritmo menor mantendría durante más tiempo la exposición del BOJ a las oscilaciones del mercado. Las desinversiones comenzaron en enero de 2026 y el banco conserva la opción de modificar o pausar el proceso según las condiciones del mercado.
Las ventas anuales subirán a 860.000 millones de yenes
El nuevo objetivo anual de desinversión es de unos 860.000 millones de yenes a valor contable, frente a los 330.000 millones del plan anterior. El valor contable es el importe registrado en los libros del BOJ para los activos vendidos; no equivale al dinero que recibirá por ellos. A partir de la relación entre el valor de mercado y el valor contable de los ETF vendidos entre enero y septiembre de 2026, el banco estima que el nuevo ritmo representaría unos 2,46 billones de yenes a valor de mercado. Esa equivalencia variará con las cotizaciones.
| Indicador | Plan anterior | Desde enero de 2027 |
|---|---|---|
| Ventas anuales de ETF, a valor contable | Unos 330.000 millones de yenes | Unos 860.000 millones de yenes |
| Porcentaje del valor negociado en el mercado | Un 0,05% | Un 0,1% |
| Tiempo estimado para vender las tenencias de finales de septiembre | Unos 112 años | Unos 43 años |
Con datos de negociación del mercado Prime de la Bolsa de Tokio entre enero y septiembre de 2026, el BOJ calcula que las ventas del plan revisado equivaldrían aproximadamente a una milésima parte del volumen negociado. El aumento de alrededor del 161% en las desinversiones anuales a valor contable no implica una venta masiva concentrada. Repartirlas a lo largo de varios años da margen a los compradores para ajustar sus carteras y permite al BOJ revisar el ritmo si las condiciones del mercado empeoran.
El banco central señaló que las ventas avanzaban sin problemas desde enero de 2026 y que no habían tenido un efecto significativo en el mercado. Al revisar el plan, también tuvo en cuenta los cambios en la actividad general de negociación. La cifra de 43 años es un cálculo simple: las tenencias de finales de septiembre divididas por un importe anual fijo de ventas a valor contable. No predice cuándo terminará el BOJ de vender ni implica que el mercado vaya a necesitar necesariamente décadas para absorber los activos. El plazo efectivo cambiaría si se modifica la política o el ritmo de desinversión.
La financiación en yenes puede afectar indirectamente al bitcoin
Las ventas de ETF del BOJ son independientes de las decisiones de financiación de los inversores privados. Sin embargo, los cambios en el coste de financiarse en yenes pueden repercutir en otros activos, incluido el bitcoin, a través de las decisiones de cartera. Algunos inversores se endeudan en yenes para comprar activos denominados en dólares sin cubrir el riesgo cambiario. Si el yen se aprecia, esos activos pueden valer menos al convertirlos de nuevo a yenes. Un mayor coste de financiación o requisitos de garantías más estrictos también podrían reducir la rentabilidad de esas operaciones.
Quienes necesiten efectivo para devolver deuda o atender llamadas de margen podrían vender otros activos, incluido el bitcoin, y presionar así activos sin relación directa con la posición inicial. Sin embargo, no hay información suficiente para determinar que se esté produciendo esa presión financiera ni cuál sería su magnitud. Para confirmar ventas forzadas harían falta indicios de reducción de posiciones vinculada a tensiones de financiación. Una caída del interés abierto en futuros puede apuntar a un desapalancamiento, pero por sí sola no permite saber en qué divisa se endeudaron los inversores.
Los datos semanales del Ministerio de Finanzas de Japón para el periodo del 18 al 24 de octubre de 2026 tampoco muestran una retirada generalizada de los inversores japoneses de los mercados extranjeros. Los inversores incluidos en las estadísticas fueron vendedores netos de bonos extranjeros a largo plazo por 92.600 millones de yenes, pero compraron valores extranjeros por un total de 430.800 millones; las compras de otras categorías superaron las ventas de bonos. Estas cifras no demuestran por sí solas que los bonos vendidos fueran deuda del Tesoro de Estados Unidos ni que el dinero obtenido se convirtiera en yenes. Los datos registran operaciones con valores, no las necesidades de financiación de los inversores.
La estimación del BOJ pone de relieve la tarea de gestión de cartera que dejó la intervención de años anteriores: poner fin a las compras no supone deshacer de inmediato los activos acumulados. Los compradores privados asumirán gradualmente una mayor parte del riesgo bursátil, mientras el banco central podrá ajustar el ritmo de venta a las condiciones del mercado. Para el bitcoin y otros activos, la cuestión relevante es si los inversores afrontan obligaciones de financiación que les obliguen a vender posiciones no relacionadas.