Mientras el seguimiento del sueño, los baños de agua fría y otras formas de optimización de la salud se han vuelto habituales en los círculos tecnológicos, un pequeño grupo de fundadores de Silicon Valley ha vuelto a encender cigarrillos. Para ellos, fumar no se limita a consumir nicotina: también puede servir para establecer relaciones, alejarse unos minutos del escritorio o proyectar una imagen contraria a la cultura dominante del sector.
Stephen Campbell, cofundador de Revamp AI y de 27 años, vivió esa dinámica durante una conversación comercial con una gran empresa tecnológica en Shenzhen, China. Un acuerdo de confidencialidad le impidió revelar el nombre de la compañía. La reunión comenzó con cierta tensión: las barreras lingüísticas y la negociación comercial complicaban el intercambio. Después llegaron la barbacoa, el baijiu y una sucesión constante de cigarrillos.
Más tarde, el grupo se trasladó a un bar de cócteles donde estaba permitido fumar y terminó la noche en un local de karaoke. Al final, Campbell y el posible cliente fumaban juntos en una sala privada y cantaban canciones de Oasis que gustaban al cliente. Campbell explicó que la experiencia hizo que la relación entre proveedor y cliente pareciera más personal y abrió espacio para una conversación fuera del marco formal de la reunión.
El tabaco cae en Estados Unidos, pero no desaparece de la tecnología
La proporción de adultos estadounidenses que fuman se ha reducido de forma drástica. Los datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades sitúan la tasa por encima del 40% en 1966, frente al 11,6% en 2022. El cigarrillo parece especialmente fuera de lugar en una industria que pone el acento en la longevidad, la eficiencia y el rendimiento sostenido. Quienes buscan nicotina recurren con más frecuencia a los cigarrillos electrónicos o a las bolsas de nicotina, como Zyn, mientras que algunas oficinas de startups huelen más a vapor con sabor a fruta.
Aun así, los cigarrillos no han desaparecido de San Francisco ni de otros polos tecnológicos. Algunos ingenieros fuman varias veces durante sesiones exigentes de programación. Fundadores e inversores de capital riesgo salen de los edificios de oficinas para fumar mientras hablan del «burn rate» de una empresa, es decir, de la velocidad a la que consume efectivo. El atractivo no reside necesariamente en el efecto estimulante. Con más frecuencia, se trata de abandonar el trabajo por un momento, encontrarse con alguien de manera inesperada y crear un vínculo informal.
Jake Jolis, socio general de Zeno Ventures con sede en Los Ángeles, lleva años reuniéndose con fundadores de empresas en fases iniciales. Según Jolis, los fundadores que fuman suelen mostrar menos preocupación por la imagen que proyectan ante los inversores de capital riesgo. Esa falta de esfuerzo visible por agradar a los inversores puede diferenciarlos de otros fundadores más cautelosos, pulidos y decididos a no incomodar a nadie.
Jolis no busca específicamente a fumadores ni considera el tabaco una señal positiva para invertir. En su experiencia, encender un cigarrillo puede indicar en ocasiones que un fundador ha bajado la guardia. Dos fundadores fumadores de su cartera obtuvieron después resultados «extremadamente buenos», afirmó, pero eso no demuestra una relación directa entre fumar y el desempeño de una compañía.
El descanso para fumar como sala de reuniones informal
Un inversor semilla recordó haber visto a un fundador fumando Marlboro Reds en un bar y sentirse posteriormente más convencido de la inversión. El cigarrillo no fue la razón. Lo que le llamó la atención fue la capacidad del fundador para hablar con naturalidad y relacionarse con otras personas en un entorno relajado.
Campbell también señaló que fumar puede generar «networking accidental». Conoció a empleados de Revamp AI mientras fumaba con ellos y más tarde contrató a algunos. Para un fundador, unos minutos fuera de la oficina pueden convertirse en el comienzo de una entrevista, una conversación de contratación o un debate comercial.
Jamie, un profesional de la industria de las criptomonedas que pidió no revelar su apellido, conoció a un inversor de una startup de leche fresca en un bar de kava de Miami. Entre los asistentes había personas en recuperación de una adicción a los opioides, además de figuras de Wall Street y Silicon Valley que buscaban alejarse de las presiones fiscales y de las restricciones de la pandemia. Jamie fumó varios Marlboro Reds con un inversor que conducía una motocicleta Harley-Davidson. Hablaron de startups y de enfoques alternativos para la salud. Una semana después, el inversor firmó un cheque.
Estos encuentros no significan que un inversor comprometa capital por un solo cigarrillo. Sí muestran cómo las interacciones informales fuera de una presentación pueden influir en la percepción que se tiene de un fundador. En las empresas jóvenes, la confianza y la familiaridad suelen desarrollarse junto al plan de negocio, no únicamente dentro de él.
De Robert Noyce a las aceras de San Francisco
La industria tecnológica tiene su propia historia con el tabaco. Robert Noyce, cofundador de Intel y conocido como el «alcalde de Silicon Valley», fumó durante años. En otra época, los empleados de Atari eran conocidos por fumar los llamados «cigarrillos especiales» en la línea de producción. En la serie de televisión «Silicon Valley», el personaje Jian Yang reserva los cigarrillos para ocasiones especiales.
Hoy, los cigarrillos aparecen sobre todo en los balcones de viviendas privadas, fuera de los bares de San Francisco o alrededor de los edificios de las empresas. Un ingeniero de Microsoft afirmó que los empleados jóvenes rara vez fuman en el campus de la compañía en Seattle; allí, los fumadores suelen ser directivos e ingenieros sénior. En San Francisco, en cambio, ve con frecuencia a empleados de startups de veintitantos años pasándose un paquete fuera de los bares.
Avi Schiffmann, fundador del dispositivo de inteligencia artificial portátil Friend, explicó que a veces fuma durante reuniones de trabajo con la cámara apagada, incluso dentro de su apartamento de San Francisco. Le preocupa que el propietario se opusiera porque el olor podría hacer que el piso pareciera una «guarida de opio». Schiffmann no compra cigarrillos ya liados. En su lugar, prepara los suyos con tabaco adquirido en Ámsterdam. Según dijo, el efecto de la nicotina no es especialmente intenso y, para él, fumar se parece más a realizar un pequeño movimiento repetitivo con las manos.
Los cigarrillos asiáticos importados también son habituales entre este grupo de trabajadores tecnológicos. Un ingeniero de Microsoft dijo que la mayoría de los cigarrillos que había fumado procedían de China y Japón. Otro ingeniero de San Francisco prefiere los Mevius japoneses con sabor a frutos rojos. Los amigos que regresan de viajes al extranjero pueden traer marcas distintas, que después se convierten en temas de conversación.
Campbell fumaba antes Marlboro. Después de que Revamp AI empezara a desarrollar vínculos comerciales con China, cambió a los cigarrillos Zhonghua. Afirmó que pueden encontrarse en el barrio chino de San Francisco, aunque hay que saber dónde buscarlos.
Más tabaco entre fundadores de hardware y defensa
La caída del tabaquismo en Estados Unidos no ha generado el mismo patrón en todos los entornos. Las tasas de consumo en Europa y Asia son aproximadamente el doble que en Estados Unidos, y Silicon Valley cuenta con una gran población de trabajadores tecnológicos inmigrantes. Los empleos relacionados con los servicios profesionales, científicos y técnicos representan casi la mitad de las solicitudes de visado H-1B, y algunos trabajadores llevan sus hábitos de consumo a centros tecnológicos como Palo Alto.
Hassan Ismail, cofundador de la startup de inteligencia artificial física Argos Research, dijo haber observado que los fundadores de empresas de hardware y tecnología de defensa parecen fumar con más frecuencia que los de compañías de software como servicio. No ofreció una explicación definitiva, pero señaló que el trabajo en esos sectores puede parecerse más a las industrias tradicionales. Algunas personas podrían utilizar el tabaco para afrontar tareas física o mentalmente exigentes.
También señaló que los fundadores chinos no siempre encajan en ese patrón. Incluso emprendedores chinos al frente de negocios convencionales de software como servicio, sin un estilo de vida especialmente inusual, mantienen a menudo un hábito regular de fumar.
El cigarrillo como recurso para generar controversia
La cultura orientada a la salud de Silicon Valley da a los cigarrillos un contraste inmediato. Cuando el emprendedor Richard Wang lanzó un vídeo promocional para el «brain rot IDE» de Clad Labs, colocó deliberadamente un paquete de cigarrillos Newport en el plano. Su objetivo era provocar controversia y generar conversación en las redes sociales.
Wang normalmente fuma aproximadamente una vez al año. Para la grabación, fumó cuatro o cinco cigarrillos Newport en un solo día, aunque no le gustaba su sabor. Solo dio unas pocas caladas a cada uno antes de tirarlo y dejó el resto de los cigarrillos en su apartamento. A los trabajadores tecnológicos centrados en la salud les costó entender el comportamiento, mientras que los fumadores habituales lo interpretaron como un intento de apropiarse de la cultura del tabaco para llamar la atención. Wang describió el resultado como una situación en la que «ninguna de las dos partes queda satisfecha», aunque añadió que esa tensión contribuyó al efecto viral de la campaña.
Lucas Harris, fundador de la aplicación de trading 10X, afirmó que la optimización de la salud y el tabaco no siempre se excluyen. Algunas personas que gastan 800 dólares al mes en servicios premium de sauna y baños de agua fría también pueden fumar varios cigarrillos, señaló, en un intento de equilibrar hábitos contradictorios.
Harris fuma cigarrillos American Spirit de paquete azul los fines de semana y recurre más a Zyn durante la semana laboral. Mientras fumaba fuera del Balboa Café de San Francisco, escuchó por casualidad a varios fundadores hablar con franqueza sobre una startup y advertirle de que no se incorporara a su equipo fundador. Aquella conversación informal le ayudó a evitar una oportunidad que después resultó inadecuada para él.
La «baja eficiencia» como forma de resistencia
Schiffmann ha citado un artículo del escritor especializado en inteligencia artificial Gwern Branwen sobre los posibles beneficios de la nicotina. También ha sugerido que, para cuando un fumador desarrolle cáncer de pulmón, la inteligencia artificial podría haber ayudado a la medicina a resolver el problema. Se trata de una opinión personal, no de un sustituto de la evidencia médica sobre los efectos del tabaco y la nicotina.
Campbell entiende que fumar entra en conflicto con la atención constante de Silicon Valley a la salud, la eficiencia y la productividad. Sin embargo, considera valioso que el tabaco sea ineficiente. En un entorno construido en torno a la optimización de cada proceso, salir a la calle con un cigarrillo y hablar con desconocidos puede crear uno de los pocos intervalos que no están organizados alrededor de la producción.
Para estos fundadores e inversores, un cigarrillo puede representar una oportunidad para establecer contactos, una forma de expresión personal o una pausa breve, dependiendo del contexto. Los datos generales no han cambiado: las tasas de tabaquismo en Estados Unidos siguen descendiendo y las empresas tecnológicas suelen promover hábitos más saludables. Aun así, los cigarrillos conservan un papel pequeño pero visible en la financiación de startups, la contratación y la vida social del sector.