Las bolsas estadounidenses han evitado una corrección brusca pese a que el petróleo ha subido alrededor de un 30% este mes y la rentabilidad del bono del Tesoro a 10 años ha aumentado unos 40 puntos básicos, superando brevemente el 5%. Los estrategas consideran que la estabilidad del S&P 500 no implica que haya desaparecido el respaldo del mercado: las ganancias en sanidad, energía y servicios financieros están compensando la debilidad de las acciones vinculadas a la inteligencia artificial.
El 21 de septiembre, el S&P 500 cotizaba cerca de los 6.720 puntos, en niveles similares a los alcanzados en junio. El mercado se ha mantenido firme pese al encarecimiento de la financiación, la persistencia de las presiones inflacionistas, la incertidumbre sobre el gasto en inteligencia artificial y los conflictos geopolíticos. Esto indica que los inversores no han abandonado de forma generalizada la renta variable, aunque muestran más cautela a la hora de seguir elevando sus posiciones.
El petróleo sube mientras el bono a 10 años supera el 5%
La evolución de las materias primas y de la deuda pública ha creado un entorno complicado para la renta variable este mes. El petróleo acumula una subida aproximada del 30%, mientras que la rentabilidad del bono del Tesoro estadounidense a 10 años ha aumentado unos 40 puntos básicos. Después de que la Reserva Federal elevara los tipos en septiembre, la rentabilidad a 10 años superó el 5%. El presidente de la Fed, Kevin Warsh, ha seguido advirtiendo de que la inflación podría mantenerse elevada durante un periodo prolongado.
En condiciones normales, el aumento de los costes energéticos y de la tasa libre de riesgo presiona tanto las previsiones de beneficios empresariales como las valoraciones bursátiles. Sin embargo, el S&P 500 apenas ha variado. Amy Raskin, directora de inversiones de Chevy Chase Trust, afirmó que el impulso del mercado se ha frenado de forma clara y que las acciones podrían permanecer dentro de un rango hasta que disminuya la incertidumbre sobre la inversión en inteligencia artificial, la política monetaria de la Reserva Federal y los conflictos geopolíticos.
A su juicio, la estabilidad del índice se parece más a una pausa con apoyo que a una vuelta a la calma. La evolución reciente de los precios indica que los inversores siguen esperando señales más claras de los resultados empresariales y de los tipos de interés.
Sanidad, energía y finanzas lideran la rotación
Jim Lebenthal, socio de Cerity Partners, señaló que el comportamiento plano del índice oculta un cambio más relevante en el liderazgo del mercado. A medida que se enfrían las acciones impulsadas por la inteligencia artificial, las compañías de sanidad, energía y servicios financieros han absorbido parte de la demanda. Lebenthal describió esta ampliación del avance como un patrón de mercado más equilibrado.
La rotación también ha reducido la dependencia del S&P 500 respecto de un grupo reducido de grandes tecnológicas. Si las acciones relacionadas con la inteligencia artificial siguen retrocediendo, la capacidad de otros sectores para generar beneficios y atraer capital será una prueba importante para la estabilidad del mercado.
La inteligencia artificial aún explica casi la mitad del crecimiento de los beneficios
Ben Snider, estratega de renta variable de Goldman Sachs, afirmó que la inversión en inteligencia artificial ha contribuido este año a casi la mitad del crecimiento de los beneficios del S&P 500, aunque se espera que esa aportación se reduzca en 2027. Jason Snipe señaló que las empresas registraron un crecimiento de los beneficios del 52% en el trimestre anterior, mientras que sus previsiones para el trimestre actual apuntan a aproximadamente un 28%, lo que refleja una desaceleración clara del ritmo de expansión.
Snipe calcula que el gasto en infraestructuras de inteligencia artificial alcanzará los 900.000 millones de dólares este año y subirá hasta 1,6 billones de dólares el próximo. Estos compromisos de capital, de gran magnitud, han respaldado las expectativas sobre los fabricantes de chips, los operadores de centros de datos y otras compañías de infraestructuras relacionadas, y ayudan a explicar por qué la temática de la inteligencia artificial sigue siendo central para las valoraciones del mercado.
No obstante, un mayor gasto no garantiza por sí solo que el crecimiento de los beneficios mantenga el mismo ritmo. Mientras los inversores evalúan cuánto tiempo necesitarán las inversiones en inteligencia artificial para generar rentabilidad, la atención podría desplazarse del volumen de capital comprometido a la capacidad de las empresas para cumplir sus objetivos de beneficios, utilizar el gasto de capital con eficiencia y generar flujo de caja.
Las rentabilidades de los bonos atraen más asignaciones institucionales
Rob Sechan, consejero delegado de NewEdge Wealth, explicó que la firma está aumentando su asignación a bonos ahora que las rentabilidades han regresado a niveles más elevados, utilizando la renta fija para compensar la incertidumbre en la renta variable. Según indicó, las instituciones han comprado bonos recientemente con una intensidad poco habitual, lo que refleja el renovado atractivo de los activos de renta fija tras el repunte de las rentabilidades.
La cuestión central ya no es si puede producirse una rotación sectorial, sino si las compañías de sanidad, energía y servicios financieros podrán seguir sosteniendo el índice mientras se desacelera el crecimiento de los beneficios impulsado por la inteligencia artificial. Los estrategas están ajustando sus carteras en torno a ese riesgo. La capacidad del mercado para mantener su estabilidad cuando la contribución de la inteligencia artificial a los beneficios se debilite el próximo año dependerá de la evolución efectiva de los beneficios empresariales, los tipos de interés y los datos de inflación.