Abrir o cerrar la persiana de la ventanilla se ha convertido en un debate recurrente sobre las normas de cortesía a bordo. Algunos pasajeros quieren contemplar las nubes, tomar fotografías o aprovechar la luz natural durante un vuelo largo. Otros prefieren evitar que el sol directo dificulte el descanso o genere reflejos en las pantallas de ordenadores y tabletas.
La cuestión no responde únicamente a las preferencias personales. Cada fase del vuelo implica procedimientos de seguridad diferentes. Durante el despegue y el aterrizaje, muchas aerolíneas piden mantener abiertas las persianas para que la tripulación y los pasajeros puedan detectar antes posibles problemas en las alas, los motores o el entorno del aeropuerto. También facilita que los equipos de emergencia situados fuera del avión vean el interior de la cabina.
Persianas abiertas durante el despegue y el aterrizaje
Cuando el avión abandona el suelo y cuando se aproxima a la pista, los pasajeros deben seguir las instrucciones de la tripulación sobre las ventanillas. Mantener las persianas abiertas ayuda a igualar los niveles de luz dentro y fuera del avión, de modo que los pasajeros puedan adaptarse con mayor rapidez al entorno en caso de emergencia.
Las ventanillas abiertas también ofrecen a la tripulación una visión más clara de las condiciones exteriores. Esto puede ayudar a identificar obstáculos o a determinar qué lado del avión podría presentar un riesgo durante una evacuación.
Estas indicaciones forman parte de los procedimientos de seguridad aérea, no de las normas de etiqueta entre pasajeros. Los requisitos pueden variar según la aerolínea, el vuelo y los procedimientos operativos locales. Por eso, la referencia debe ser siempre la instrucción de la tripulación antes del despegue y el aterrizaje.
En crucero hay más margen de decisión
Una vez que el avión alcanza la altitud de crucero, las persianas normalmente no están sujetas a las mismas restricciones uniformes. El pasajero sentado junto a la ventanilla dispone de mayor margen de decisión, aunque su elección puede afectar a quienes ocupan la misma fila, las filas cercanas y, en algunos casos, buena parte de la cabina.
Abrir la persiana permite ver las nubes y el paisaje, tomar fotografías o comprobar las condiciones exteriores. Sin embargo, cuando el sol está bajo y entra directamente en la cabina, el resplandor puede molestar a quienes intentan dormir y dificultar el trabajo de los pasajeros que utilizan ordenadores portátiles o tabletas.
En los vuelos de largo radio, algunos viajeros dan prioridad al descanso y prefieren que las persianas permanezcan cerradas. La misma decisión también puede facilitar el uso de pantallas al reducir los reflejos.
El debate gira en torno a quién decide
La cuestión principal no es si abrir o cerrar la persiana es siempre correcto. El problema está en cómo equilibrar el uso del espacio por parte del pasajero de ventanilla con las necesidades del resto de viajeros. Quien abre la persiana puede considerar que comprar un asiento junto a la ventana le da derecho a utilizarla. Quien pide cerrarla puede responder que la luz intensa también afecta a personas que no están sentadas junto a la ventanilla.
En comunidades en línea como Reddit se han comentado recientemente situaciones similares, incluidos casos en los que la tripulación pidió a los pasajeros que bajaran las persianas en vuelos diurnos. Las discusiones suelen aparecer cuando no existe una instrucción concreta de la tripulación, pero algunos pasajeros intentan dormir o trabajar.
Una antigua tripulante reclama fijarse en el momento
Una antigua tripulante de cabina que trabajó casi 10 años para una aerolínea internacional mantiene una posición clara sobre el asunto. A su juicio, los pasajeros no deberían valorar la situación únicamente desde su propio asiento. También deben tener en cuenta el horario del vuelo, la posición del sol, el nivel general de iluminación de la cabina y las condiciones de quienes viajan alrededor.
Para los pasajeros, la pauta más fiable es seguir las instrucciones de la tripulación durante el despegue y el aterrizaje. Una vez iniciado el crucero, pueden valorar un ajuste de la persiana si la luz entra directamente en la cabina o si la mayoría de los viajeros está descansando. Cuando no existe una indicación de seguridad, normalmente no hay una única regla aplicable a todos los vuelos. La decisión depende en última instancia de los límites personales y de la consideración básica entre pasajeros.
El debate sobre las persianas refleja otras cuestiones aún sin una norma universal en los viajes aéreos: si es apropiado reclinar el asiento, cómo deben compartirse los reposabrazos o si conviene quitarse los zapatos y los calcetines dentro de la cabina. Aunque estas situaciones no tienen siempre una respuesta común, todas pueden afectar directamente a la experiencia de quienes viajan en el mismo avión.