Para incorporar la inteligencia artificial a gran escala, las firmas de gestión patrimonial necesitan algo más que unos pocos empleados entusiastas. En un debate de ADVISE AI, Janise Brooks, presidenta de Pax Financial Group, y David Quisenberry, CEO de Highvault Consulting, expusieron un enfoque basado en objetivos claros desde la dirección, propuestas de los propios empleados, formación y pruebas a pequeña escala.
El impacto potencial es concreto: Deloitte calcula que los asesores dedican más del 70% de su tiempo a tareas ajenas a la atención al cliente, y que la IA podría liberar hasta la mitad de ese tiempo. Así, podrían atender mejor a sus clientes actuales, captar otros nuevos y apoyar el crecimiento de sus firmas. La sesión, moderada por Adam Moseley, director de consultoría de IA de Charles Schwab, se centró en cómo implicar a los empleados sin que perciban la tecnología como una amenaza.
Acceso a las herramientas para todo el equipo
Pax ofrece Copilot a todos sus empleados y espera que alcancen un nivel básico de dominio, explicó Brooks. La adopción no puede depender de un pequeño grupo de promotores internos. Los empleados pueden empezar por identificar sus propias necesidades y después buscar aplicaciones para los procesos de trabajo de los asesores.
Quisenberry también advirtió de los riesgos de concentrar los conocimientos en unas pocas personas. La experiencia de Highvault indica que las herramientas deben estar disponibles para todo el equipo. Algunos empleados pueden tardar en sentirse cómodos con ellas, señaló, pero eso no justifica limitar su uso a un grupo reducido.
En las firmas de asesoramiento, dar acceso a toda la plantilla también implica tener en cuenta las distintas funciones y niveles de experiencia. Habilitar las cuentas es solo el primer paso: para que la implantación supere una prueba limitada, hacen falta unas expectativas básicas y apoyo continuo.
La dirección fija los objetivos y los empleados detectan las aplicaciones
La dirección debe explicar qué quiere lograr la firma con la IA y qué se espera que aprendan los empleados, dijo Brooks. Sin embargo, muchas de las aplicaciones más útiles surgen de quienes están en primera línea. Como resumió, el impulso debe venir de arriba, pero la implantación debe construirse de abajo hacia arriba.
Quisenberry señaló que la participación del CEO y de los directivos sénior influye en la importancia que los empleados atribuyen a estas iniciativas. Un respaldo visible puede animarles a compartir propuestas y facilitar que las personas adecuadas participen en las conversaciones. Si los responsables no se implican, la plantilla puede mostrar menos interés en asistir a las reuniones y el proyecto perder fuerza.
Eso no significa que los directivos deban decidir cada caso de uso. Pueden fijar objetivos y aportar recursos, mientras los empleados identifican las tareas cotidianas que consumen tiempo, son repetitivas o resultan frustrantes. Combinar ambas perspectivas ayuda a convertir los proyectos de IA en cambios aplicables al trabajo diario.
Formación básica y primeros usos sencillos
Cuando Pax empezó a integrar la IA, ofreció a todos sus empleados una hora de formación básica, con una introducción a cómo redactar instrucciones o prompts. Después organizó talleres para enseñarles a crear agentes sencillos. Tras las sesiones, algunos comenzaron a diseñar sus propias herramientas. Un asesor creó un agente para una organización sin ánimo de lucro en la que colabora como voluntario, y otro empleado se animó entonces a experimentar también.
Quisenberry propuso organizar grupos de discusión para recopilar las tareas que los empleados querrían delegar en la IA y seleccionar después los proyectos más adecuados para empezar. La firma puede ayudar a desarrollar una primera serie de aplicaciones y, más adelante, formar a los empleados para que creen sus propias herramientas. Partir de necesidades reales también permite vincular la formación con las responsabilidades diarias de cada persona.
Aumentar la confianza con ahorros de tiempo medibles
A medida que se extiende el uso de la IA, afloran los problemas que más preocupan a los empleados, explicó Brooks; abordarlos es importante para conseguir su apoyo. Recomendó empezar con proyectos pequeños y considerar los avances graduales como progreso, en lugar de esperar que la plantilla transforme su forma de trabajar desde el primer momento.
Pax celebra reuniones trimestrales con toda la plantilla en las que los compañeros comparten ejemplos de uso de la IA. Brooks contó que un empleado explicó que una tarea que antes le llevaba cuatro horas ahora podía completarse en tres minutos. La firma también sigue el uso de sus herramientas de IA y concede un «Iron Man Award» a quienes más las utilizan.
Algunos de los usuarios más activos no eran los candidatos más previsibles. Brooks recordó que un empleado inicialmente reservado y analítico acabó convirtiéndose en un entusiasta de la IA. Las firmas quizá no sepan de antemano quién impulsará su adopción, señaló; por eso, todos los empleados deben poder probar las herramientas y proponer ideas. No es necesario empezar por aplicaciones complejas, pero sí comenzar y seguir ampliando los usos.