Las repercusiones del bloqueo del Estrecho de Ormuz se extenderán rápidamente a los mercados globales, especialmente para Japón, un país altamente dependiente de la energía del Medio Oriente, cuya economía y mercados financieros están enfrentando una presión sin precedentes. El gobierno japonés ha emitido advertencias instando a sus barcos a evitar ingresar al Golfo Pérsico e incluso ha instruido a los barcos que ya están en la bahía a buscar un puerto seguro. Esta acción refleja la vulnerabilidad de la cadena de transporte de energía global y el posible impacto significativo en la economía japonesa.
El mercado de valores experimenta una caída y la confianza de los inversores se ve afectada
Una de las reacciones directas al bloqueo del estrecho ha sido la fuerte caída del mercado de valores de Tokio. El 3 de marzo, los principales índices del mercado de Tokio registraron pérdidas superiores al 3%, marcando la mayor caída diaria desde principios de 2026. Los 33 sectores del índice de la Bolsa de Valores de Tokio cayeron, con las acciones de bancos y aerolíneas especialmente débiles. Citigroup rebajó rápidamente la calificación de las acciones japonesas, señalando que el aumento de los precios del petróleo generalmente tiene un impacto negativo en el mercado de valores japonés.
Se revela la vulnerabilidad económica de Japón, el aumento de los precios del petróleo es una amenaza principal
Según el análisis de Wu Yingjie, investigador del Centro de Estudios de Japón de la Universidad de Economía y Comercio Exterior, el bloqueo del Estrecho de Ormuz presentará desafíos a largo plazo para la economía japonesa. Alrededor del 90% de las importaciones de petróleo crudo de Japón dependen de Medio Oriente, y el Estrecho de Ormuz es una de las rutas de transporte de petróleo más cruciales a nivel mundial. Si este canal se bloquea durante un período prolongado, el aumento de los precios del petróleo tendrá un profundo impacto en la economía japonesa. Se espera que el precio del crudo WTI pueda subir a 140 dólares por barril, lo que resultaría en un aumento de más del 1% en los precios del petróleo en Japón. Más preocupante aún, si la situación empeora, se espera que el PIB de Japón pueda disminuir hasta un 0,65%, e incluso podría enfrentar una recesión económica.
Los cálculos del economista Takatoshi Kiochi del Instituto de Investigación Integral de Nomura muestran que por cada aumento de 10 dólares en el precio del petróleo, el costo de importación de crudo para Japón aumentará en aproximadamente 1,3 billones de yenes. Los efectos más amplios podrían extenderse a la agricultura, la pesca y el sector alimentario, elevando aún más el costo de vida y afectando la confianza en el consumo de los ciudadanos japoneses.
Turbulencia en el mercado financiero, las acciones de bancos y aerolíneas sufren una caída significativa
Además, el mercado financiero japonés se ha visto afectado, con una notable caída de las acciones bancarias. El 2 de marzo, el índice de bancos en Japón cayó un 6,3%, marcando la mayor caída diaria desde abril del año pasado. Naoki Fujiwara, un gerente senior de fondos de Shinkin Asset Management, analizó que los inversores podrían cambiar a activos seguros, lo que llevaría a una caída en los rendimientos de los bonos a largo plazo de Japón, exacerbando la presión sobre las acciones bancarias.
Las acciones de las aerolíneas también se vieron afectadas. El 3 de marzo, las acciones de Japan Airlines cayeron más de un 7% y ANA más de un 3,5%. Los analistas señalaron que la presión combinada de las tensiones bélicas y el aumento de los precios del petróleo reprimirá la demanda en la industria aérea, afectando así la rentabilidad de las aerolíneas.
La devaluación del yen aumenta la presión sobre las importaciones, crecen los costos de vida
La volatilidad repentina del tipo de cambio del yen agrega más incertidumbre a la economía japonesa. El 3 de marzo, el yen cayó brevemente al rango de 157 yenes por dólar, el nivel más bajo desde principios de febrero, aumentando aún más los costos de importación. En este contexto de presión económica, el gobierno japonés sigue adelante con la expansión de sus capacidades de defensa. El 3 de marzo, la primera ministra Sanae Takaichi declaró que se acelerará el fortalecimiento de la capacidad de defensa. El ministro de Defensa Shinjiro Koizumi también señaló el plan de establecer un "sistema que disuada los ataques". Sin embargo, los analistas temen que el desvío de recursos fiscales hacia el ámbito de la defensa pueda reducir aún más las inversiones en los sectores de bienestar y la economía, lastrando la recuperación económica.