Una persona que se jubile a los 60 años podría pensar que sus ahorros, la Seguridad Social de Estados Unidos y los retiros previstos bastarán hasta los 85. Pero si vive hasta los 95, como su madre, el plan tendrá que cubrir 35 años en vez de 25. El reto no consiste solo en acumular patrimonio: también hay que evitar que se agote durante un periodo más largo de retiradas, vaivenes del mercado y encarecimiento de los gastos.
Las tablas de mortalidad actuales de la Administración de la Seguridad Social de Estados Unidos indican que alrededor del 8% de los hombres y el 14% de las mujeres que cumplen 65 años llegarán a los 95. Por tanto, una jubilación prolongada no es un escenario excepcional. Un plan de ingresos basado únicamente en la esperanza de vida media o en un horizonte más corto podría quedarse corto.
A 35 años, la tasa de retiro puede ser menor
La tasa inicial de retiro debe ajustarse al tiempo que se espera financiar. Estudios recientes sobre ingresos en la jubilación estiman que, con un gasto actualizado por inflación, retirar inicialmente el 3,9% ofrece una probabilidad del 90% de conservar un saldo al final de un periodo de 30 años. Para un horizonte de 35 años, la tasa modelizada baja al 3,5%.
En una cartera de un millón de dólares, esas tasas equivalen a retirar 39.000 y 35.000 dólares, respectivamente, durante el primer año, antes de impuestos y comisiones. La diferencia inicial de 4.000 dólares puede acumularse con el tiempo, a medida que la rentabilidad de los mercados y la inflación afectan a la cartera. Unos rendimientos débiles al comienzo de la jubilación pueden dificultar que se mantenga un nivel de retiros más elevado.
La inflación también cambia la escala de los gastos a largo plazo. Con una inflación anual del 3%, un gasto actual de 60.000 dólares al año subiría a unos 146.000 dólares dentro de 30 años y a casi 169.000 dentro de 35. Aunque los hábitos de consumo del hogar apenas cambien, cuanto mayor sea el horizonte de planificación, menos útil resulta la cifra expresada en dólares de hoy para estimar los ingresos futuros necesarios.
Separar gastos esenciales e ingresos de por vida
Un primer paso práctico es dividir el gasto anual en dos categorías: necesidades básicas —como vivienda, alimentación, suministros, seguros y transporte esencial— y partidas más flexibles, como los viajes. Después, conviene restar de los gastos esenciales los ingresos previsibles de por vida, incluidos la Seguridad Social y las pensiones. La diferencia muestra qué parte deberán cubrir los ahorros u otras fuentes de ingresos.
Los productos que ofrecen ingresos de por vida, entre ellos las rentas vitalicias, pueden ayudar a cubrir parte de esa brecha. El Stanford Center on Longevity señala que, en determinadas circunstancias, compartir el riesgo de vivir más de lo previsto puede generar ingresos de por vida superiores a los que una persona obtendría si asumiera ese riesgo por su cuenta. No son adecuados para todos los jubilados, pero pueden interesar a quienes buscan cubrir gastos esenciales y están dispuestos a renunciar a parte de la liquidez a cambio de mayor certidumbre.
No hace falta esperar a que la cartera haya perdido valor para plantearse esta cuestión. Revisar las necesidades de ingresos cuando aún hay margen para hacer cambios puede facilitar el equilibrio entre ingresos garantizados, ahorro para emergencias y otros gastos. No es necesario que todos los desembolsos queden cubiertos por ingresos predecibles: puede bastar con proteger las facturas que no se pueden aplazar y mantener activos disponibles para el crecimiento, los imprevistos y el gasto discrecional.
Cuatro preguntas antes de comparar productos
Antes de comparar presupuestos de rentas vitalicias, cláusulas adicionales o características de distintos productos, conviene definir qué debe resolver el plan de ingresos. ¿Qué facturas mensuales hay que pagar con independencia del mercado? ¿Cuánto ingreso de por vida fiable existe ya? Si los mercados caen un 20% el próximo año, ¿de dónde saldrá el dinero para los gastos cotidianos? ¿Cuánto ahorro debe seguir disponible para emergencias?
Las respuestas ayudan a determinar la función de una estrategia de ingresos. Las comisiones, los periodos de rescate, los ajustes por inflación, las prestaciones por fallecimiento y el acceso al capital pueden influir en el resultado. La Autoridad Reguladora de la Industria Financiera de Estados Unidos (FINRA) recomienda a los consumidores entender los costes y las restricciones de estos productos. Las garantías dependen de la solidez financiera de la aseguradora emisora y de su capacidad para cumplir sus obligaciones.
Además, los pagos fijos pueden perder poder adquisitivo a medida que suben los precios. Por eso también importan la protección frente a la inflación y una reserva separada para gastos imprevistos. Un ingreso fiable puede reducir la dependencia de algunos gastos respecto al comportamiento de los mercados, pero no sustituye al ahorro líquido ni a un plan de gasto más amplio.
Incluir los 95 años en la próxima revisión
En la próxima revisión financiera, conviene ampliar el horizonte de planificación hasta los 95 años. También se puede comprobar si el plan de retiros resistiría una caída pronunciada del mercado durante los cinco años previos a la jubilación o en sus primeros años, y actualizar las hipótesis de inflación para los gastos esenciales a lo largo de todo el periodo.
También ayuda identificar qué facturas no deberían depender de la evolución de los mercados. Si una parte excesiva del gasto esencial requiere que la cartera obtenga los rendimientos previstos, puede ser necesario revisar el nivel mínimo de ingresos garantizados. La cuestión central es qué fuentes podrán seguir cubriendo las necesidades básicas si la jubilación dura más de lo esperado y cuánto capital líquido conviene conservar para adaptarse a cambios en las circunstancias.